XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

ISAÍAS:

– Dios prepara un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera. Esto porque arranca el velo de tristeza que cubría al pueblo, y aniquilará la muerte. Esta es nuestra esperanza que esperemos en el Señor y el Señor nos salve, que cambie nuestra tristeza en gozo, nuestro pecado en salvación. Necesitamos mucho del Señor, y hoy con esta primera lectura confiamos en su salvación y esperamos de Él su obra misericordiosa.

– El profeta anuncia la futura intervención salvadora De Dios para con su pueblo, y muestra de este modo un futuro muy optimista y claro, pues el Señor se muestra en todo su esplendor y su salvación llega a todos, por eso hay que vivir en la alegría de la salvación del Señor.

SALMO:

"Habitaré en la casa del Señor por años sin término."

Que gran Salmo es este del Señor como pastor, que cuida de nosotros y nos protege en todo momento, que su bondad y su misericordia nos acompañan toda la vida. Que importante es enlazar este salmo con las lecturas del día de hoy, pues el Señor quiere que habitemos con él para siempre en su casa, quiere llevarnos a su presencia. Ahora bien, cada uno de nosotros debe responder obedientemente a la voz del Pastor, y caminar por los caminos que nos guía, y comer alimentos que nos da, y no buscar caminar sólo por nuestro caminos y nuestros gustos, sino que nuestro gusto sea lo que el Pastor quiere, pues es con mucho lo mejor.

FILIPENSES:

– San Pablo dice una frase para empezar que a mí me da cierta envidia sana: "Sé vivir en pobreza y abundancia". Me recuerda a otros textos de grandes santos, como Santa Teresa de Jesús, con su poesía del vuestra soy, para vos nací, que mandáis hacer de mí, cuando dice: "dadme riqueza o pobreza, dadme salud o enfermedad…" Es esa conformidad con la voluntad De Dios, con lo que Dios da en cada momento, lo que yo también anhelo y le pido al Señor, para que nos conceda vivir en la situación que nos toque vivir amando a Dios y al prójimo, y alabando a Dios por ello.

– La clave está en "todo lo puedo en aquel que me conforta". Dios es la clave de todo, sólo si Él es El Centro de todo, el sostén de todo, entonces todo es para bien, el problema es poner como centro, y colocar el corazón en otras cosas. Debemos pensar en oración en el día de hoy, ¿dónde coloco mi corazón, cuál es El Centro de mi vida?

MATEO:

– La parábola de hoy el banquete de bodas, no debemos olvidar que Jesús lo pone para explicarnos que el Reino de los cielos se parece a esta parábola. Y empieza con los convidados que no quieren asistir a la boda, primero simplemente dicen que no van porque no quieren; pero después empiezan a poner excusas, son tres excusas:

1.- Las tierras: que excusa más barata es poner el dinero, lo material como El Centro de nuestras ocupaciones, que no nos dejan ir al banquete de bodas. Ojo que nosotros también ponemos mucho afán lo material, y esto nos puede ser inconveniente para ir al Reino de los Cielos.

2.- Los negocios: las ocupaciones, el trabajo, tener muchas cosas que hacer, y no tener tiempo para Dios, ni para los demás. También es una excusa que ponemos siempre, y decimos mañana lo haré, me suena a una frase de un himno de la liturgia de las horas: "Mañana le abriremos respondía, para lo mismo responder mañana". Lo que puede provocar esto, es que nos quedemos fuera del Reino De Dios.

3.- Violencia, incluso muerte a los criados: me impresiona esta reacción, pero es la que provoca el no querer al Señor, y no saber que excusa ponerle, entonces simplemente le rechazo, porque me delata mi vida, y yo no quiero cambiarla, y esto me lleva a vivir con un rechazo profundo a las cosas De Dios, y a todo lo que llame a Dios. De tal modo que no hay respeto ni siquiera por los propios criados que no tienen culpa de nada, simplemente están haciendo lo que hace su Señor. Estos a veces somos nosotros, pues es nuestra reacción cuando Dios nos pide algo que no nos cuadra o que no queremos. Como no podemos rechazarlo lógicamente, lo hacemos de un modo irracional.

– Invitación a todos los que se encuentran en los cruces de caminos, y los criados invitan a todos. Esto es una llamada de atención a los judíos, el "pueblo elegido", que pensaban que tenían la exclusividad de la salvación, pero Jesús con esta parábola nos muestra que los llamados al Reino, somos todos, los malos y los buenos como dice la parábola. Y que hay que cumplir un requisito, que es por el que la parábola condena a un hombre, es al que "no lleva el vestido de boda", esto es que no se puede entrar de cualquier manera al Reino De Dios, sino que hay que prepararse, y ¿cómo se prepara uno? ¿Cuál es nuestro vestido de fiesta? Es el vestido del Señor, el vestido de la gracia que Dios nos regala, y que debemos cuidar, conservar y reparar por medio de una vida de unión con Dios, de sacramentos y de caridad. Se cuida de este modo desde Dios, dejando que la gracia me adorne, pero también de nuestra correspondencia con la obras de la fe, las obras de la caridad, las obras de esperanza. Podríamos repasar como vivimos nuestra relación con Dios, y también como son nuestras obras de caridad.

De este modo la parábola no sólo es para llamar la atención a los judíos, al pueblo elegido, sino que con este traje de boda llama la atención a todos. No podemos rechazar al Rey, al que acogerle en todo, y debemos dejar que Él haga su obra en nosotros.

– Si miramos los que no quieren ir al banquete de bodas, tienen algo urgente que hacer, algo que aparentemente no puede esperar, que reclama de inmediato su presencia. El banquete referente en consecuencia lo más importante en la vida, es más, la única cosa importe, porque ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? Nos pregunta el mismo Señor.

El ERROR, es dejar lo importante por lo urgente, lo esencial, por lo contingente. Esto en la cosas De Dios, es dejar continuamente para más tarde el cumplimiento de las cosas De Dios, porque cada vez se nos presenta algo urgente que hacer. Siempre hay algo que hacer antes que poner antes a Dios, para ir a Misa, o para Rezar, y esto hace cada vez colocar más a Dios en el rincón más escondido de nuestra vida.

Lo más importe a hacer, es estar con Jesús escucharle, hacerle compañía, no desaprovechar una ocasión tan preciosa. Lo único necesario en la vida, es ganarse a Dios y con él la vida eterna, dejar esto por pequeñas cosas, aunque cuanto urgentes, sería fallar totalmente. Y además elegir a Dios nos llevará a Amar con mucho más amor al prójimo.

Podríamos expresar lo que nos enseña el Evangelio de hoy con un refrán: "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy". El Evangelio nos enseña a establecer las prioridades, a tender a lo esencial, a no perder lo importante por lo urgente, como sucedió a los invitados de nuestra parábola.

María Madre, intercede por nosotros para que le negamos nada a tu Hijo Jesús. Amén.

Un pobre sacerdote +++

COMENTARIO BÍBLICO DE LOS PADRES DE LA IGLESIA: CATENA ÁUREA

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 69,1

Como había dicho el Salvador que se daría la viña a otras gentes que le pagasen sus frutos ( Mt 21,43), ahora dice a qué clase de gentes. Por eso el Evangelista añade: “Y respondiendo Jesús, les dijo”, etc.

Glosa

Dice respondiendo, porque contrariaba la intención depravada de los que fraguaban su muerte.

San Agustín, de consensu evangelistarum,

Unicamente San Mateo refiere esta parábola; San Lucas refiere otra semejante, pero no es ésta, como indica el orden mismo.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Aquí se infiere a la Iglesia presente, por medio de las nupcias, pero allí se refiere, por medio de la cena, al convite último y eterno. Porque en éste entran algunos de los que han de salir, pero de aquél no saldrá ya el que una vez haya entrado. Y si alguno cree que esto viene a ser lo mismo, vea que San Lucas pasó en silencio lo que dijo San Mateo refiriéndose a aquel que no había entrado con el vestido nupcial. No obsta que por medio del primero se entienda la cena, por medio del segundo, la comida; porque cuando se almorzaba todos los días a la hora nona entre los antiguos, el almuerzo se llamaba cena.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

El reino de los cielos es semejante, según quien allí reina, a un hombre rey; y según aquel con quien reina, al hijo del rey; según lo que hay en los estados del rey, es semejante a los siervos y a los convidados a las bodas, entre los que se encuentra también el ejército del rey. Y se añade: “a un hombre rey”, para que como hombre hable a los hombres y gobierne a aquellos que no quieren ser gobernados por Dios. Pero entonces el reino de los cielos cesará de ser semejante a un hombre, porque cuando haya concluido el celo, la disputa y las demás pasiones, cesaremos también de andar como hombres, y lo veremos tal y como es; ahora lo vemos, no como es, sino como ha querido hacerse por nosotros.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Dios Padre celebró las bodas a su propio Hijo cuando unió a Este con la humanidad en el vientre de la Virgen. Mas como el casamiento no puede verificarse sino entre dos personas, no debemos pensar que la persona del Salvador consta de dos personas unidas. Decimos que consta y que está formada por las dos naturalezas, pero de ningún modo podemos decir que sea un compuesto de dos personas. Mejor puede decirse que este Padre rey celebró las bodas para su Hijo rey, asociándole la santa Iglesia por medio del misterio de la encarnación: el tálamo de este esposo es el vientre de la Virgen María.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

Cuando suceda la resurrección de los santos recibirá el hombre la verdadera vida (que es Jesucristo), porque Este asumirá en su inmortalidad la mortalidad del hombre. Ahora recibimos al Espíritu Santo como en arras del consorcio eterno, pero después recibiremos al mismo Jesucristo en toda su plenitud.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

Por la unión del esposo con la esposa (esto es, de Jesucristo con el alma) debe entenderse la aceptación de la divina palabra; y las buenas obras serán el parto.

San Hilario, in Matthaeum, 22

Se dice con razón que estas bodas ya han sido celebradas por el Padre, porque esta unión de la eternidad, y los desposorios del nuevo cuerpo, se han consumado ya por medio de Jesucristo.

Prosigue: “Y envió sus siervos a llamar a los convidados a las bodas, mas no quisieron venir”.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

Si envió a sus siervos, fue porque ya estaban invitados primeramente. Son invitados, pues, los hombres desde el tiempo de Abraham, a quien ya se prometió la encarnación de Jesucristo.

San Jerónimo

Envió a su siervo; y no cabe duda que éste fue Moisés, por quien se dio la ley a los invitados. Aunque leemos siervos (como se encuentra en muchos ejemplares), debemos entender que se refiere a los profetas; porque invitados por ellos, no quisieron venir. Sigue, pues: “Envió de nuevo otros siervos, diciendo: decid a los convidados”. Debe creerse que los siervos que fueron enviados la segunda vez son los profetas más bien que los apóstoles; y así, si antes está escrito el siervo, cuando después de lee los siervos, debe entenderse que estos segundos siervos son los apóstoles.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

A quienes envió cuando les dijo: “No os marchéis por los caminos de los gentiles, sino más bien buscad antes las ovejas perdidas de la casa de Israel” ( Mt 10,5).

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

También puede decirse que los siervos enviados en primer lugar a que llamasen a los invitados a las bodas son los profetas, que invitaban al pueblo por medio de sus profecías, a la alegría por la unión de la Iglesia con Jesucristo. Y los que no quisieron venir habiendo sido invitados primero, son los que no quisieron oír las palabras de los profetas. Además, cuando pasaron éstos, hubo otro período en que abundaron los profetas.

San Hilario, in Matthaeum, 22

Los siervos que fueron enviados primeramente a llamar a los convidados, son los apóstoles. Habían sido enviados para que viniesen los que ya habían sido invitados antes, esto es, el pueblo de Israel, que fue llamado por medio de la ley a la gloria eterna. Era propio de los Apóstoles instar a los que los profetas habían invitado de antemano. Los que fueron enviados después en condición de maestros, son los varones apostólicos que sucedieron a aquéllos.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Y como los que antes habían sido invitados no quisieron venir al convite, se les dice en la segunda invitación: “He aquí que he preparado mi banquete”.

San Jerónimo

El banquete preparado, los toros y los animales cebados ya muertos, representan, en sentido metafórico, las riquezas del rey, para que por medio de las cosas materiales se venga en conocimiento de las espirituales. Además, la magnificencia de los dogmas, y la doctrina del Señor, pueden conocerse de una manera evidente en la plenitud de la ley.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

Cuando dijo el Señor a sus apóstoles: “Id y predicad que se acerca el reino de los cielos” ( Mt 10,7), se refirió a lo que dice ahora: “He preparado mi banquete”; esto es, por medio de la ley y de los Profetas he adornado las mesas de las Escrituras. Por esto sigue: “Mis toros”, etc.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Los toros representan a los padres del Antiguo Testamento, los cuales, según estaba permitido en la ley, herían con el cuerno de su virtud corporal a sus enemigos. Llamamos a los animales cebados, por Aquel que alimenta desde lo alto; por eso les decimos saciados. Por medio de los animales cebados se figuran los padres del Nuevo Testamento, los cuales, cuando perciben la gracia de la dulce alimentación interna, se elevan de los deseos terrenos a las cosas de lo alto por las alas su contemplación. Dice, pues: “Mis toros y mis animales cebados ya están muertos”. Como diciendo: Observad las muertes de los padres que precedieron, y pensad en aplicar los remedios para que conservéis vuestras vidas.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

Y habla de los animales cebados y de los toros, no porque los toros no estuviesen cebados, sino porque no todos habían engordado del mismo modo. Luego, únicamente llama cebados a los profetas que estuvieron llenos del Espíritu Santo; y toros, a los profetas y sacerdotes, como Jeremías y Ezequiel. Así como los toros son los guías del rebaño, así los sacerdotes son los jefes del pueblo.

San Hilario, in Matthaeum, 22.

Los toros representan la gloria de los mártires que han sido inmolados como víctimas escogidas por haber confesado a Dios; y cebados, los hombres espirituales, porque son alimentados con el pan del cielo, como las aves se alimentan cuando han de volar para alimentar a las demás, haciéndoles partícipes de la abundancia de su comida.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Debe advertirse también, que en la primera invitación nada se habló de toros ni de animales cebados; pero que en la segunda, se dice que los toros y los animales cebados ya están muertos. Porque el Dios omnipotente, cuando no queremos oír su divina palabra, cita ejemplos para que veamos que hay facilidad para poder vencer todo lo que consideramos como imposible, oyendo que otros han pasado por esto.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

Y como la comida que estaba preparada es la palabra divina, se entiende que la gran fuerza de esta palabra está representada por medio de los toros. Y lo que éstos tienen de suave y de deleitable, es por lo que se les llama cebados. Si alguno dice que las razones expuestas tienen poca fuerza y que son de poco valor, tienen que admitir la esterilidad de cuanto se lleva dicho: son cebadas, cuando se citan muchos ejemplos para cada una de las proposiciones, en prueba completa del discurso. Cuando alguno predica sobre la castidad, cita por ejemplo la tórtola; pero cuando sobre la misma virtud cita muchas pruebas de las Sagradas Escrituras de modo que deleite y confirme, el alma del que oye queda como cebada.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

Y cuando dice: “Todo está preparado”, se entiende que ya está cumplido en las Sagradas Escrituras todo lo necesario para la salvación. El que es ignorante, encuentra allí algo que aprender; el que es orgulloso, encuentra algo que temer; el que trabaja, encuentra allí todo lo ofrecido a aquellos a quienes se invita a trabajar.

Glosa

Todo está ya preparado, esto es, está preparada la entrada en el reino, por medio de la fe en mi encarnación, la que antes estaba cerrada.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

Dice que está preparado todo lo que pertenece al misterio de la pasión del Señor, y de nuestra redención. Por esto dice: “Venid a las bodas”, no con los pies, sino con la fe y con las costumbres.

Prosigue: “Mas ellos lo despreciaron”. El por qué lo despreciaron lo da a conocer cuando añade: “Y se fueron, unos a sus granjas”, etc.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 69,1

Aun cuando parece que los motivos son razonables, aprendemos, sin embargo, que incluso cuando sean necesarias las cosas que nos detienen, conviene siempre dar la preferencia a las espirituales: y a mí me parece que cuando alegaban estas razones, daban a conocer los pretextos de su negligencia.

San Hilario, in Matthaeum, 22.

Los hombres del mundo se ocupan en la ambición de cosas temporales y muchos se dedican a los negocios por la codicia del dinero.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

Cuando hacemos algo con el trabajo de nuestras manos, cuando cultivamos un campo o una viña, o cuando hacemos una obra de madera o de hierro, parece que entonces trabajamos la granja. Y cuando obtenemos otras ganancias, no por el trabajo de nuestras manos, todo esto se llama negocio. ¡Oh mundo miserable, y desgraciados los que le siguen! Muchas veces los trabajos del mundo alejan a los hombres de la vida verdadera.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

El que se propone labrar un terreno, o está dedicado a las cosas del mundo, simula meditar en el misterio de la encarnación, y vivir según su espíritu, y marcha hacia la granja o sea hacia el negocio, rehusando venir a las bodas del rey. A veces (lo que todavía es peor), algunos llamados a la gracia, no sólo la desprecian, sino que también la persiguen: por esto añade: “Y los otros echaron mano de los siervos”, etc.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

Por la ocupación de la granja se entiende la gente del pueblo de los judíos, que por su deseo de las cosas del mundo fueron separados de Cristo; por la ocupación de los negocios se entiende a los sacerdotes y los demás ministros del templo a quienes el afán de lucro separó de la fe, aun siendo ellos los encargados del servicio de la ley y del templo. No dijo de éstos que habían obrado maliciosamente, sino que despreciaron; los que crucificaron a Jesucristo por odio o por envidia, fueron los que obraron mal; los que impedidos por los negocios no creyeron, son los que le despreciaron, aun cuando no eran malos. El Señor nada dice acerca de su muerte, porque ya había dicho lo bastante en la parábola anterior, pero da a conocer la muerte de sus discípulos, a quienes mataron los judíos, después que el Señor subió a los cielos, apedreando a Esteban y degollando a Santiago de Alfeo. Por todo lo cual Jerusalén fue destruida por los romanos. Debe advertirse que se habla de la ira de Dios, no en sentido propio, sino en sentido traslativo: se dice que se enfurece cuando castiga. Por lo que se dice aquí: “Y el rey, cuando lo oyó, se irritó”.

San Jerónimo

Cuando invitaba a las bodas y obraba con clemencia, era llamado hombre; pero ahora, cuando vino a aleccionarse calla la palabra hombre, y únicamente se le llama rey.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

Adviertan los que pecan contra el Señor de la ley, de los profetas y de toda la creación, que éste que ahora se llama hombre, y se muestra airado, es el mismo Padre de Jesucristo. Y si conocen que éste es el mismo, se verán obligados a confesar que de El se dicen muchas cosas parecidas a las que tiene la naturaleza pasible de los hombres: no porque El sea pasible, sino porque muchas veces obra a imitación de la naturaleza pasible de los hombres. Y en este mismo concepto debemos tener la ira de Dios, y la penitencia, y todo lo demás que leemos en los profetas.

Prosigue: “Enviando sus ejércitos, acabó con aquellos homicidas” , etc.

San Jerónimo

Por estos ejércitos entendemos los ejércitos romanos, capitaneados por Vespasiano y por Tito, los cuales, habiendo destruido los pueblos de Judea, prendieron fuego a la ciudad prevaricadora.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

El ejército romano se considera como el ejército de Dios porque la tierra y cuanto en ella se contiene pertenece a Dios ( Sal 23,1). No hubiesen venido los romanos a Jerusalén, si Dios no los hubiese enviado.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Los ejércitos de los ángeles son los de nuestro Rey. Habiendo, pues, enviado sus ejércitos se dice que acabó con aquellos homicidas porque todo designio se cumple sobre los hombres por medio de los ángeles. Acabó, pues, con aquellos homicidas, porque mató a los que le perseguían; incendió también su ciudad, porque no solamente sus almas sino que también su carne (en la que habían vivido), habían de ser atormentadas con el fuego eterno.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

La ciudad de los impíos es la reunión de los que están en un todo conformes con el modo de pensar de los príncipes de este mundo: el rey incendia y destruye la ciudad, construida de malos edificios.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Pero éste que se ve despreciado de los que convida, no tendrá desiertas las bodas de su hijo: porque alguna vez la palabra de Dios encontrará también en dónde descansar. Por esto añade: “Entonces dijo a sus siervos”.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

Esto es, a los apóstoles o a los ángeles que estaban preparados para la vocación de los gentiles: “Las bodas ciertamente están aparejadas”.

Remigio

Esto es, todo sacramento acerca de la redención de los hombres, ya está ultimado y concluido. “Mas los que habían sido convidados (esto es, los judíos), no fueron dignos” ( Rom 10,3), porque desconociendo la santidad de Dios, y queriendo dar preferencia a la suya, fueron considerados como indignos de la vida eterna. Por lo tanto, una vez reprobado el pueblo judío, fue llamado el pueblo gentil a estas bodas. Por esto sigue: “Pues id a las salidas de los caminos”, etc.

San Jerónimo

El pueblo gentil no estaba en los caminos, sino en las salidas de los caminos.

Remigio

Estos son los errores de los gentiles.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

Son caminos también todos los conocimientos humanos como los de la filosofía, los de la milicia, y otros por el estilo. Dijo, pues: “Id a las salidas de los caminos”, para que llamen también a la fe a todos los hombres, cualquiera que sea su condición. Además, así como la castidad es el camino que lleva a Dios, la fornicación es el camino que lleva al demonio; y esto mismo debe decirse de las demás virtudes y de los demás vicios. Manda, por lo tanto que conviden a los hombres de cualquier clase y de cualquier condición para que crean.

San Hilario, in Matthaeum, 22.

También pueden entenderse por el camino, la duración de esta vida, y por lo tanto, se les manda ir a las salidas de los caminos, porque estas gracias a todos se dan.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Según la Sagrada Escritura, se entiende por camino las acciones; las salidas de los caminos son las faltas de las acciones, porque con frecuencia vienen a Dios con facilidad, aquéllos que ninguna satisfacción se conceden en las cosas de la vida.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

Yo creo que esta primera invitación a las bodas se dirigía a algunas almas sencillas: en verdad, Dios quiere que vengan al convite divino principalmente aquellos que son prontos para comprender; y como éstos generalmente no quieren venir cuando se les llama, son enviados otros siervos para animarlos, ofreciéndoles que si vienen, disfrutarán del convite preparado por su rey. Y así como en esta vida una es la esposa que se casa, otros los que convidan, y otros los que son convidados a las bodas, así el Señor conoce las diversas clases de las almas, las virtudes y sus fundamentos. Por esta razón unas son consideradas como esposas, otros como siervos que convocan, y otros están en el número de los invitados a las bodas. Pero los que en primer lugar fueron llamados, despreciaron a los primeros que los invitaban (como hombres de poco conocimiento), y se marcharon a cuidar de sus cosas, complaciéndose más en ellas que en lo que el Rey les ofrecía por medio de sus siervos. Pero éstos son menos culpables que aquéllos que injuriaron a los siervos enviados y los mataron. Estos últimos se atrevieron a detener a los siervos enviados por medio de cuestiones enojosas, y como no estaban preparados para contestar a sus ingeniosas cuestiones, fueron primero abrumados de insultos y luego muertos por ellos.

Prosigue: “Y habiendo salido sus siervos a los caminos, congregaron”, etc.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

Habiendo salido los siervos, ya de Judea o Jerusalén, como los apóstoles de Jesucristo, o ya de los interiores, como los santos ángeles, y viniendo a los diversos caminos de las costumbres diferentes, reunieron a todos los que encontraron: y no se cuidan de si alguna vez habían sido malos o buenos, antes de ser llamados. Aquí debemos entender como buenos los que sencillamente son más humildes y más perfectos en cuanto afecta al culto divino y a quienes se refiere lo que dice el Apóstol: “Cuando las gentes que no conocen la ley, obran según lo que ella manda, ellos mismos son su propia ley” ( Rom 2,14).

San Jerónimo

También entre los gentiles hay una diversidad infinita, pues debemos conocer, que unos están más inclinados a lo malo, y otros practican las virtudes por sus buenas costumbres.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Y dice esto, porque en la Iglesia no puede haber buenos sin malos, ni malos sin buenos, y no fue bueno aquél que no quiso sufrir a los malos.

Prosigue: “Y se llenaron las bodas”, etc.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

Las bodas, esto es, de Jesucristo y de la Iglesia, se llenaron porque fueron traídos a Dios los que fueron encontrados por los Apóstoles, y se recostaron para comer en las bodas. Pero como fue conveniente llamar a los buenos y a los malos, no para que los malos continuasen siendo malos, sino para que dejasen los vestidos impropios de las bodas, y vistiesen los trajes nupciales (esto es, el corazón misericordioso, bondadoso, etc.). Por eso, después entra el rey para ver a los que estaban sentados antes que se les presente la comida, para detener y regalar a los que tengan los vestidos nupciales, y para condenar a los que no los tengan. Por eso sigue: “Y entró el rey para ver a los que estaban a la mesa”.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

No es que el Señor deje de estar en todas partes, sino que donde quiere observar para juzgar, allí se dice que está presente, y donde no quiere, parece que está ausente. El día en que todo lo verá es el día del juicio, cuando habrá de visitar a todos los cristianos, que descansan sobre la mesa de las Sagradas Escrituras.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

Cuando entró, vio a uno que no había mudado sus costumbres; por esto sigue: “Y vio allí un hombre que no estaba vestido con vestidura de bodas”. Dijo en singular, porque son de un mismo género todos los que conservan la malicia después de la fe, como la habían tenido antes de creer.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

¿Qué debemos entender por vestido de bodas, sino la caridad? Porque el Señor la tuvo cuando vino a celebrar sus bodas con la Iglesia. Entra, pues, a las bodas, sin el vestido nupcial, el que cree en la Iglesia, pero no tiene caridad.

San Agustín, contra Faustum, 2,19

Se atreve a venir a las bodas sin vestido nupcial, el que busca allí la gloria, no la del esposo, sino la propia.

San Hilario, in Matthaeum, 22.

El vestido de bodas es también la gracia del Espíritu Santo, y el candor del vestido celestial, que una vez recibido por la confesión de la fe, debe conservarse limpio e íntegro hasta la consecución del reino de los cielos.

San Jerónimo

El vestido nupcial es también la ley de Dios y las acciones que se practican en virtud de la ley y del Evangelio, y que constituyen el vestido del hombre nuevo. El cual si algún cristiano dejare de llevar en el día del juicio, será castigado inmediatamente; por esto sigue: “Y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí, no teniendo vestido de bodas?” Le llama amigo, porque había sido invitado a las bodas (y en realidad era su amigo por la fe), pero reprende su atrevimiento, porque había entrado a las bodas, afeándolas con su vestido sucio.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

Y como el que peca y no se viste de nuestro Señor Jesucristo, no tiene excusa alguna, prosigue: “Mas él enmudeció”.

San Jerónimo

Entonces, cuando todos los ángeles y el mundo entero sean testigos de los pecados, no habrá lugar a petulancias ni se podrá negar.

Orígenes, homilia 20 in Matthaeum

Pero no sólo fue arrojado de las bodas el que las ultrajó, sino que fue atado por los ministros del rey, ya preparados a este fin, y con la presteza que él no había empleado para hacer cosa buena. Por no obrar el bien fue aprendido por la fuerza y fue condenado a un sitio en donde no hay luz alguna y que se llama tinieblas exteriores. Por lo que sigue: “Entonces el rey dijo a sus ministros: atado de pies y manos, arrojadle en las tinieblas exteriores”.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

En virtud del poder de aquella sentencia son atados sus pies y sus manos, que poco antes habían estado atados por las malas acciones, y no habían mejorado su vida. Entonces son atados para castigo los que la culpa tenía atados para impedirles que obrasen bien.

San Agustín, de Trinitate, 11,6

El embrollo de los malos deseos y de las malas intenciones, constituye un lazo, con el cual es atado, quien obra de tal modo, que merece ser arrojado a las tinieblas exteriores.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Llamamos tinieblas interiores, a la ceguedad del alma, y tinieblas exteriores a la noche eterna de la condenación.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

De este modo se designa también la diferencia de castigos que se aplicarán a los pecadores: hay tinieblas exteriores e interiores, hay primeros lugares así como hay últimos lugares.

Prosigue: “Allí será el llorar y el crujir de dientes”.

San Jerónimo

En el llanto de los ojos y en el rechinar de dientes, se da a conocer la magnitud de los tormentos por medio de una metáfora de miembros corporales. Los pies y las manos atadas, el llanto de los ojos y el rechinar de dientes, son para que se entienda la veracidad de la resurrección.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Para que allí rechinen los dientes de los que se gozaban en la voracidad, y allí lloren los ojos que aquí disfrutaban de complacencias ilícitas. Porque cada uno de los miembros sufrirá un castigo, relacionado con todas las acciones a que vivieron sujetos, obedeciendo a los vicios.

San Jerónimo

Y como en el convite nupcial no se busca el principio, sino el fin, añade: “Muchos son los llamados y pocos los escogidos”.

San Hilario, in Matthaeum, 22.

Cuando el que invita lo hace sin excepción, da a conocer su afecto y la gran bondad que resulta de su humanidad; pero en los convidados o llamados, se elige a cada uno según su mérito propio.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38

Mas algunos, ni siquiera empiezan a obrar bien; y otros no perseveran en las buenas acciones que comenzaron. Tema cada uno por sí mismo, tanto más, cuanto que desconoce lo que viene después.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41

O de otro modo: cuantas veces el Señor prueba a su Iglesia, entra en ella para ver a los que están reunidos. Si encuentra alguno que no tenga vestido nupcial, le pregunta: ¿para qué te has hecho cristiano si amabas estas acciones? A este tal entrega Jesucristo a sus ministros (esto es, a algunos sectarios), y le atan sus manos (esto es, sus acciones), y sus pies (a saber, las aspiraciones de su alma), y lo arrojan a las tinieblas, esto es, a los errores (o de los gentiles, o de los judíos, o de los herejes). En primer lugar, a las tinieblas de los gentiles, porque desprecian la verdad que no han oído; o a las exteriores de los judíos que oyeron, pero que no creyeron, y especialmente a las exteriores de los herejes que oyeron y conocieron.

XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO