XXIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

EZEQUIEL:

– Que labor tan impresionante la de ser centinela para avisar al pueblo que Dios viene, y habla. La de ser flecha para indicar donde está el Señor y que quiere de nosotros. Pero a la vez es una responsabilidad tremenda y muy seria, pues está llamado a ser testimonio de salvación para los demás, y no puede guardárselo para si mismo.

– Este centinela es el profeta que tiene que ser el que guarda al pueblo para avisar si se acerca algún peligro, o si el pueblo está viviendo alejado De Dios. Por eso tiene el profeta una doble misión, anunciar las palabras de parte De Dios, pero a la vez también denunciar y reprender al pueblo, haciendo ver las consecuencias nefastas que puede tener su conducta desviada.

– No podemos callar, debemos ser voz de alarma, Dios nos hace corresponsables con Él de su pueblo, y nos hace instrumentos para que su salvación llegue a todos los hombres, y que los que no viven según el corazón De Dios puedan tener la posibilidad de volver a Él. Que importante y preciosa es esta misión, y es una misión que tenemos todos.

SALMO:

«Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»».

El Señor es el Dios que nos salva, por eso debeos entrar con veneración y respeto en su presencia. Pero sobre todo el Salmo recuerda la vivencia del pueblo del desierto, y su peregrinación a la tierra prometida, cuando Dios tuvo que amonestar y castigar tantas veces a los israelitas, duros de cuervos, que se desviaban de la Alianza, continuamente tentados por la idolatría y la moral de los pueblos vecinos. Por eso a modo de oración repitamos la antífona del Salmo, y que el Señor nos regale siempre un corazón que escuche su Palabra y la ponga en práctica.

ROMANOS:

– Cuando llega esta afirmación de San Pablo siempre se me conmueve la vida: «A NADIE LE DEBÁIS NADA, MÁS QUE EL AMOR MUTUO; PORQUE EL QUE AMA HA CUMPLIDO EL RESTO DE LEY». Yo no se a otros, pero muchas veces a mi me sucede que me parece que le debo otras cosas a los demás, y me salen envidias, odios, rencores, heridas…, que necesitan que el Amor De Dios las toquen para que las sane y pueda vivir siempre en amando y no debiendo más que Amor. Que impresionante y que cambio sería si todos viviéramos estas palabras en nuestra vida. Completadas por el mismo texto de hoy: «El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor.» Que fácil de decir todo, y qué difícil hacerlo vida plenamente en nuestra vida.

– El amor es la síntesis de toda la ley. Todos los mandamientos del Antiguo y Nuevo Testamento, se resumen en el amor a los demás el que ama a su prójimo tiene cumplido eso resto de la ley.

– El amor es una deuda que tenemos continuamente con el hermano y que nunca terminamos de pagar.

MATEO:

– Dos momentos para la comunidad cristiana nos muestra Jesús en el Evangelio del día de hoy:

1. La corrección fraterna, que se debe hacer siempre corroborando la veracidad de los hechos, y con la mayor delicadeza de trato, para que sea de verdad un buscar el Amor De Dios para los hermanos, y no una búsqueda de uno mismo, y de dar lecciones a los demás. Guiados por una verdadera y profunda humildad y no por vanidad, ni vanagloria.

Dios quiere la salvación de todos. Así nosotros, debemos querer la salvación de todos y no podemos desentendernos del hermano. Se nos pide, no sólo que no hagamos el mal, sino que nos esforcemos en hacer positivamente el bien. Tengamos aquí cuantos pecados de omisión tenemos.

Pasos que nos da Jesús para la corrección verdadera y eficaz: 1. Conversación privada, diálogo personal. Un caso particular de este primer paso es el sacramento de la Reconciliación. 2. Advertir ante uno o dos testigos, de este modo se contrasta la veracidad y se guarda la intimidad. 3. Decirlo en la comunidad. Si el hermano prácticamente se autoexcluye de la comunidad, hay que seguirle amando, y buscando su salvación.

Pero una cosa que tenemos que tener en cuenta y no olvidar nunca es que el que está dispuesto a corregir tiene que estar dispuesto a dejarse corregir.

2. La oración común, si dos o mas estamos reunidos en el nombre del Señor, Él nos concederá lo que le pedimos, y siempre estará en medio de nosotros. Es la oración con un solo corazón y con una sola alma, que busca tener el mismo corazón y el mismo sentir del Señor.

XXIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO