XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Resultado de imagen de lo importante no es lo que entra en la boca sino lo que sale del corazón

DEUTERONOMIO:
– Moisés recomienda a su pueblo, antes de concluir la peregrinación por el desierto y entrar a la Tierra Prometida, que recuerden la Alianza que sellaron con Yahvé al salir de Egipto y cumplan sus mandamientos.
– Los mandatos del Señor son vuestra sabiduría y todos los que os vean dirán, esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente. Moisés dice que deberían estar orgullos de estos mandamientos que le ha dado Dios: ¿hay alguna nación que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros?
– Nosotros debemos vivir también así, orgullosos de que el Señor se ha hecho presente en nuestra vida, y se acerca a nuestra vida. Nosotros debemos corresponder a tanto amor como nos tienes, cumpliendo sus mandatos, esto es buscando en todo momento lo que más le agrada al Señor.
– Seguir la ley de Dios es orientar nuestra vida hacia él y disponerse a cumplir su voluntad, no nuestro gusto. Eso es lo que nos dará la verdadera felicidad y la vida. Podría pensarse que obedecer a la ley nos priva de libertad o que cohíbe nuestra personalidad. PEro en verdad seguir la ley de Dios es el camino que conduce al amor y a la libertad, y nos asegura que vamos por el recto camino.
– Aunque nos pueda gustas, en principio, que la clave de nuestra conducta sea nuestro criterio subjetivo, nos resulta muy conveniente que Dios nos haya dado criterios objetivos, conforme a su voluntad, que orientan nuestra vida y fortalecen nuestra debilidad. La verdadera sabiduría no está en nuestros instintos o en las modas o estadísticas de este mundo, sino en conocer y seguir la voluntad de Dios.

SALMO:
"Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?"
El salmo es un canto al justo, que no se dedica a cosas extraordinarias, sino a lo de cada día vivir en la honradez, en la práctica de la justicia, que busca cuidar la cosa más pequeñas para vivirla en el Señor, cuida las intenciones, la lengua, lo que hace a su prójimo sea lo que sea, y sea quién sea.
Y nos invita el Salmo a actuar igual, pues el que así obra nunca fallará, esto es vivirá en el Señor, y el Señor será la fuerza y el corazón de su obrar.
El salmista nos muestra que no sólo las cosas de oración y culto, sino la honradez, la comprensión para con los demás, abstenerse de la usura o del soborno, no difamar al hermano… Sólo el que obra así, de verdad puede vivir con el Señor.

SANTIAGO:
– Nos recomienda Santiago que acojamos la Palabra de Dios en nuestra vida, porque es la única capaz de salvarnos, pero lo importante no es escucharla, sino llevarla a la práctica, no os limitéis a escucharla. A continuación da dos consignas para que acertemos con la verdadera sabiduría y la religión que agrada a Dios: la religión pura e intachable es esta, visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo.
– Tenemos que tener cuidado con conformarnos con oír la Palabra de Dios, sino poner empeño en practicarla, es decir vivir escuchar para hacer, lo que agrada a Dios son las obras, en concreto, ayudar al prójimo y no dejarse contaminar por las costumbres y la mentalidad del mundo.
– Si la Palabra que oímos la olvidamos apenas terminada la misa, no produce ningún fruto en nosotros, como la semilla que cae entre piedra o entre espinas. Debemos cuidar lo que nos invita Santiago, ayudar a los más necesitados, y no mancharse con este mundo, defenderse de la mentalidad que tiene el mundo, muchas veces alejada de la de Dios.

MARCOS:
– Jesús recibe la crítica en el Evangelio de hoy, porque los discípulos de JEsús comen sin hacer las abluciones de manos según las tradiciones de los mayores. Jesús les acusa de hipócritas, citándoles a Isaías, este pueblo me honra con los labios pero su corazón está lejos de mí. Los fariseos no buscan tanto el mandamiento de Dios, sino que se aferran a la tradición de los hombres a la interpretación que ellos se han inventado de esa ley de Dios. Y en lo concreto JEsús lo muestra, porque lo que hace impuro al hombre, no es lo que entra de fuera, sino lo que sale del corazón, y muestra JEsús una lista de lo que hace impuro al hombre, lista clara y rotunda: pensamientos perversos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad…. Ante esta lista podemos decir que nosotros no lo hacemos, o ser de verdad sinceros y entrar en nuestro corazón con un verdadero y sincero examen de conciencia, y ver cuanta conversión necesitamos.
– La ley es necesaria y os sirve de camino para el bien. PEro JEsús lo que hizo fue interiorizar esa ley, para que no nos conformemos con la apariencia exterior, sino vivir la responsabilidad personal en nuestra aceptación de la voluntad de Dios, de modo que su cumplimiento no sea sólo la realización externa y formalista de la letra, sino que siga su espíritu según Dios.
– Lo que desautorizaba JEsús era el legalismo formalista, la interpretación exagerada de la ley, que la hace más bien esclavizante que liberadora, más preocupada de la observancia meticulosa de la caridad para con el necesitado. Si relativiza la ley es porque da prioridad a la persona. LA norma es necesaria, pero no tenemos que hacernos esclavos de sus materialidad descuidando su intención profunda.
– Ante el precepto de lavarse las manos, JEsús no lo critica como tal, son pequeños detalles y el amor está hecho también de pequeños detalles. PEro aprovecha la ocasión para afirmar que es más importante la pureza del corazón y de la conciencia, la interior, que la exterior de las manos. De este modo la lectura nos invita a un examen de conciencia y mirar nuestra vida de fe, sobre todo de las intenciones que nos mueven a actuar en la vida para con nosotros mismos o en el terreno de la justicia social.
– Para Jesús lo que cuenta es lo que nace de dentro, no la mera observancia exterior. Su lenguaje está tomado de la vida y lo entienden todos, lo que entra de fuera por la boca no tiene tanta importancia como lo que sale del corazón humano. Del corazón es de donde manan los malos propósitos, los adulterios, la codicia de dinero, la envidia, la difamación del hermano… Eso sí que hace impuro a uno, y no tanto lo que come o deja de comer, o si se ha lavado las manos o no.
– JEsús traslada el eje de atención desde lo exterior a lo interior. Jesús quiere sanar el corazón del hombre, que es la fuente de todo, por eso el punto de partida es el corazón del hombre, con su egoísmo, avaricia, envidia, con sus neglicencias. Además Jesús ha catalogado cuáles son las cosas, que contaminan, y que hemos de quitar de nosotros, debemos con ellas hacer un sincero examen de conciencia y una buena confesión, con los criterios de Dios y no con los nuestros.

María, Madre enséñanos a vivir totalmente para el Señor, y a cuidar profundamente las intenciones, lo que hay dentro del corazón. Amén.

Un pobre sacerdote +++

XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO