XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

DEUTERONOMIO:
– Moisés va dando criterio al pueblo con palabras sencillas pero contundentes para caminar en la voluntad del señor. Lo primero es vivir en la escucha de la voz De Dios, esto es tener no sólo un oído atento, sino un corazón que escuche. Lo segundo es observar los preceptos y los mandatos del Señor, esto es caminar en la ley del Señor, debemos grabar a fuego en nuestro corazón, y que se manifieste en nuestra vida los caminos por donde nos quiere llevar al Señor. En tercer lugar nos invita a volver siempre al Señor, cuando nos desviemos en nuestro caminos, cuando erramos y pecamos, siempre hay que volver la mirada al Señor, mirar con sus ojos, y mirar como nos ama.
– Hay que tener claro que lo que nos pide Dios no supera nuestras fuerzas, pues Dios nos da su gracia para vivir aquello que nos pide, y vivirlo todo en su voluntad, por eso el mandamiento no está lejos, no es una ley que nos venga de fuera, sino que Dios lo ha puesto dentro de nosotros, está en nuestra corazón, en nuestra boca, para que podamos vivirlo.

SALMO:
“Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.”
El salmista pide ayuda al Señor en su necesidad, y en cada petición lo que hace es pedir desde la fidelidad, bondad, salvación, misericordia del Señor…; pues sabe que donde puede poner su confianza es en el Señor, y no en uno mismo.
De igual modo debe ser nuestra oración, no pidiendo según nuestra mirada, ni nuestro corazón, sino según el Señor, buscándole por encima de todo, siendo humildes, y buscando al Señor que revivirá nuestro corazón.

COLOSENSES:
– Leemos un himno cristológico, a Jesús se le resienta como imagen De Dios, primogénito de toda la creación, todo ha sido creado por medio de él y para él, es cabeza del cuerpo que es la Iglesia, el primero en todo, en él está la plenitud de todo y por él se ha llevado a cabo la reconciliación entre Dios y la humanidad. Cristo, centro del cosmos y De la Iglesia y, por tanto, el que da sentido a toda nuestra vida humana y cristiana.

LUCAS:
– La pregunta que hoy se formula a Jesús, es la clave: ¿QUÉ TENGO QUE HACER PARA HEREDAR LA VIDA ETERNA?, esto es ¿cómo podemos salvarnos? A lo que Jesús pregunta que está escrito en la ley, y la respuesta es el doble mandamiento de Amar al Señor totalmente y al prójimo como a nosotros mismos.
– Pero vuelve a hacerle otra pregunta a Jesús, ¿Y QUIÉN ES MI PRÓJIMO? Y Jesús le propone la parábola del buen samaritano, que sólo este evangelista nos transmite, y que muestra cómo la ley nueva, la de Jesús, es mucho más exigente. Esta parábola nos pone el listos bastante alto. Pero lo que hay que tener claro es que si Jesús pudo predicar la parábola y presentar un modelo tan elevado de amor fraterno es porque él mismo, su vida, lo cumplía perfectamente. El auténtico buen samaritano es Jesús, que atendía a todos, sobre todo a los más necesitados, tenía tiempo para todos, escuchaba, consolaba, sanaba, perdonaba y nunca pasaba al lado de alguien a quien veía sufrir sin detenerse, y llegó hasta renunciar a su propia vida para salvar a la humanidad.
– La parábola se entiende demasiado bien, pues denuncia la poca coherencia en la vida de los oficialmente buenos. Nosotros debemos interpelarnos con la parábola, y pensar en cuál de los personajes nos vemos retratados: en los que pasan de largo, dañando un rodeo, porque tenemos cosas más importantes que hacer; en el que se toma la molestia de gastar su tiempo y su dinero ejerciendo la misericordia en un desconocido. La llamada es clara a unir el mandamiento del amor a Dios con el amor al prójimo. El hermano, sobre todo ese que está sufriendo, víctima de tantas violencias, o frascos de la vida, que vive en la soledad, o en la necesidad, en la enfermedad… son un signo, un sacramento De Dios en nuestra vida.
– El hombre samaritano, el hombre de misericordia se refleja en lo concreto de la caridad: lo vio, sintió compasión, se acercó, le vendó, le montó en su cabalgadura, lo cuidó, pagó por él, prometió volver a visitarle. Debemos nosotros CONCRETAR NUESTRA CARIDAD, EJERCER LA MISERICORDIA. Es el “anda y haz tú lo mismo” de JEsús en el Evangelio, este amor lo podemos ejercer en nuestra vida cotidiana y a diario si tenemos un corazón atento a Dios y al prójimo, y que salga de nosotros mismos.
– ¿Hasta dónde nos empuja la obligación de amar al prójimo? En la parábola vemos que un samaritano es quien socorre a un judío, que no se llevan bien, para mostrar que la categoría de prójimo es universal, y no particular. Mi prójimo es cualquier hombre en sí mismo. Y tenemos que mirar CÓMO HACERNOS PRÓJIMOS, y esto lo vemos en lo que hizo el samaritano: acercarse al herido, se la aproxima; abandonar el propio camino, los propios proyectos, el propio futuro y aceptar los del otro durante un cierto tiempo. El samaritano se ofrece al herido como su futuro inmediato para sí mismo, es precisamente lo que hace cuando cura las heridas, vierte aceite y vino, y carga con el hombre en su misma cabalgadura: EL HERIDO HA LLEGADO A SER SU ÚNICA PREOCUPACIÓN, pues le ha cedido hasta su puesto en la cabalgadura. Amar es saber ceder el propio puesto y aceptar el del otro. El samaritano es un hombre como los demás, con un pasado, una tradición, una familia, un trabajo, unas leyes y unos proyectos. Sin duda, le esperaban un trabajo, una familia, unos amigos. Pero, por un cierto tiempo, ha dejado aparte todo esto.
Cómo hacerse prójimo: CON LOS HECHOS Y NO SÓLO CON PALABRAS: “el que practicó la misericordia con él”. Prójimo es el samaritano, no el herido. Hay que ser prójimo, estar prontos para darnos cuenta que está ahí algún hermanos que necesita mi ayuda, mi amor, mi misericordia, nos debemos preguntar a cada momento ¿de quién puedo hacerme prójimo aquí y ahora? Amar al prójimo, hacerse cercano a él, es exigido por el seguimiento de Cristo, es el primer deber de quien quiere ser su discípulo. La parábola espera encarnarse en nuestra vida cotidiana. ¡Cuántas personas medio muertas, en el cuerpo o en el espíritu hemos encontrado, o posiblemente hemos caminado a su lado, y les hemos dejado al borde del camino! Aprovechemos las oportunidades que nos ofrece el Señor y no dejemos de amar con misericordia.

María, Madre llévanos a gustar de la misericordia De Dios, para ser misericordiosos por Cristo, con Él y en Él. Amén.

Un pobre sacerdote +++

XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

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