XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

EZEQUIEL:
– Es un pasaje desolador, Dios mismo le manda al profeta a que hable al pueblo, pero a la vez le avisa dique no le escucharán, porque es un pueblo rebelde, y son testarudos y obstinados. A pesar de eso, tiene que hablar como profeta, aunque no le hagan caso, y así sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.
– Que panorama tan duro para el profeta pero que testimonio de fidelidad a Dios, lo que Dios pide y manda es lo que el profeta cumple sin mirar más. Cuanto debemos aprender nosotros de él, y vivir de cara a Dios y en lo que Dios quiere.

SALMO:
“Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia.”
El salmo contrasta con la primera lectura, pues habla de los que esperan en el Señor, que reciben la misericordia del Señor, porque tienen sus ojos, su vida fija en el Señor. Por encima de toda dificultad, el Señor está a favor de sus hijos, de aquellos que quieren vivir de su amor misericordioso.

2 CORINTIOS:
– Muy a gusto me glorío de mis debilidades, para que resida en mí la fuerza de Cristo. Pablo confiesa las dificultades de todo tipo que vive, insultos, privaciones, persecuciones….
– Habla de la espina en la carne, de esa herida en su alma que no le deja servir al Señor con todo el corazón, que no sabemos exactamente que fue, pero que todos tenemos nuestras espinas que no nos dejan corresponder al Señor con todo nuestro ser. Pero así se manifiesta la grandeza De Dios, que hace obras grandes por encima de nuestras debilidades, como dice San Pablo, cuando soy débil, entonces soy fuerte. Hay que vivir en el Señor y del Señor, esta es nuestra grandeza.

MARCOS:
– Después de resucitar a la hija de Jairo, en Cafarnaún, Jesús va a su pueblo, Nazaret. Allí se encuentra con una acogida fría. Predica en la sinagoga, pero lo único que consigue es que sus paisanos se preguntes de dónde le vienen esa sabiduría y esos milagros que dicen que hace. Ellos le conocen sencillamente como el carpintero, el Hijo de María, y conocen también a sus parientes, por eso les resultaba escandaloso.
– Jesús se extraña de la falta de fe de sus paisanos y no pudo hacer allí ningún milagro. No porque los milagros o las curaciones dependan de reacciones psicológicas, sino porque Jesús quería que sus milagros no quedaran sólo en la mera admiración, sino que condujeran a la fe en Él.
– Hay una reacción doble una la admiración, otra la falta de fe. Admiración ante lo que ellos veían. Veían un hombre que ellos creían conocer, conocía su familia, conocían lo que había hecho toda su vida hasta entonces y la admiración era, ¿cómo ese hombre habla, y habla así, tan maravillosamente? ¿Cómo tales milagros salen de sus manos? ¿Qué es esto? Pero la admiración está motivada mente precisamente por la falta de fe. Estas almas cerradas a la palabra de Jesús, se cerraban también a las misericordias del Señor.
– Nosotros debemos vivir bien la admiración, la admiración que debemos tener es nuestro sentimiento constante ante las obras De Dios. Una admiración llena de fe, porque vemos más allá de lo que ven nuestros ojos, para contemplar las grandes maravillas De Dios. La admiración ante las obras De Dios es precisamente el reconocimiento de nuestra pequeñez antes su grandeza, es el reconocimiento de su trascendencia, es el recogimiento de su señorío total sobre nosotros.
– Admiración por todas las obras de la creación, pero la admiración todavía mayor, por las maravillas que hace el Señor en las almas. Otra vez, es la fe la que nos guía. LA fe es la que hace que la admiración sea buena, la reacción debiera ante esa majestad del Señor, ante esa gloria suya, ante esta soberanía suya sobre nosotros y sobre todo.

María, Madre enséñanos a cantar admirados eternamente las maravillas del Señor. Amén

Un pobre sacerdote +++

XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO