VIERNES XXXIV TIEMPO ORDINARIO

APOCALIPSIS:
– Aparece un ángel capaz de encadenar al demonio y vencerle, es el arcángel Miguel al que debemos pedir protección e intercesión en todas nuestra debilidades y dificultades, pero sobre todo en las asechanzas del Demonio, pues es poderoso defensor tan rival enemigo.
– Por otra lado aparecen los que van a disfrutar de los cielos nuevo y de la tierra nueva, los que van a vivir en la Jerusalén celeste, son los que están escritos en el libro de la vida, y como dice la lectura los muertos fueron juzgados según sus obras, escritas en los libros. Podemos recordar la frase de san Juan de la Cruz, al atardecer de la vida, te examinarán del Amor. No sólo vale hacer obras sino el Amor, la Misericordia, la Bondad, la Delicadeza…., que ponemos en ellas.
– Nuestro destino es la Jerusalén nueva, si hemos vencido, con la ayuda de Cristo, en nuestra lucha contra el mal. Debemos tomarnos en serio la lucha contra el Mal en nuestra vida, sin obsesionarnos, es una lucha abierta y encarnizada contra el Demonio, el Mundo y la Carne.

SALMO:
* Este salmo es un "CANTO DE PEREGRINACIÓN": es un cántico de Sión que celebra al huésped divino del Templo, fuente de la felicidad y de la gracia de los peregrinos, que les hace caminar hacia el lugar de la presencia del Señor, el Templo.
"He aquí la morada de Dios entre los hombres".
Nosotros también debemos buscar la presencia del Señor en lo cotidiano de nuestra vida, pero sobre todo en lo exclusivo de la presencia del Señor, estar con Él ante su presencia Real Eucarística y buscar su presencia eterna en el Cielo.

LUCAS:
+ "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán."
+ Los que están atentos comprenderán a su tiempo que está cerca el Reino de Dios, porque sabrán interpretar los signos de los tiempos.
+ Los que somos del Señor, la Iglesia, debemos transmitir al mundo su mensaje, su Reino, su Evangelio, para que el árbol dé frutos y alcance la salvación a todos. Permanezcamos vigilantes, y llevemos al mundo a esa vigilancia en el Amor.

María, Madre de Misericordia, que siempre demos frutos de buenas obras, y defiéndenos en la lucha contra el Demonio, el Mundo y la Carne. Amén.

Un pobre sacerdote +++

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