VIERNES XXVI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

BARUC:
– Se confiesan del pecado de desobediencia, de conocer lo que Dios quiere y no vivir en su voluntad, de no seguir los mandatos que el Señor le había dado. Y dice que la causa de sus desgracias y de las maldiciones es dejar que el pecado reine en sus vida, y no vivir en la voluntad del Señor. Y el pecado es rechazar las promesas De Dios, en especial la Tierra prometida.
– Nosotros también podemos perder la Tierra Prometida si nos dejamos llevar por el pecado y desobedecemos al Señor. Y esto se puedo perder en un momento, por eso hay que ser humildes como Baruc, volver al Señor y reconocer nuestro pecado, pero sobre todo reconocer la misericordia del Señor que su deseo es llevarnos a esa Tierra que mana leche y miel, y donde se vive del Amor De Dios. Por eso esta primera lectura vuelve a ser una llamada a dejar la vida de pecado, y elegir la vida en la voluntad De Dios, la vida de hijos De Dios.
– Baruc hace realmente una oración emocionada, humilde en la que reconoce que son culpables de lo que les está pasando, porque todos han sido infieles a Dios.

SALMO:
“Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre.”
El salmo recuerda como los impíos atentan contra el Señor y el lugar santo. Pero el salmista no sólo culpa a ellos, sino que pide misericordia de un modo curioso, mendigando a Dios que no recuerde las culpas y que su compasión sea lo que llega pronto, pues el corazón que no vivir en Dios y se deja llevar por el pecado, necesita que su compasión le alcance pronto pues tiene sed del Amor. Por eso hoy también nosotros que necesitamos del Señor le pedimos que nos libre y perdona, pues le necesitamos.

LUCAS:
– Hoy el Señor hace una llamada clara a vivir en la conversión y a escuchar la llamada, la Palabra del Señor, para vivir en su obediencia, para que Él pueda reinar y vivir en nuestro corazón, hacerse uno con nosotros, y vivir en una comunión tal, que a quien a nosotros nos escucha, le escucha a Él, y a quien a nosotros nos rechaza, a Él rechaza. Esta comunión de corazones es la que tenemos que anhelar, y esta comunión de corazones es la que tenemos que ver también en los demás, para recibir y acoger al Señor en el prójimo.

María Madre enséñanos a escuchar la Palabra del Señor, y a vivir en su voluntad. Amén.

Un pobre sacerdote +++

VIERNES XXVI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO