VIERNES XXV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

ECLESIASTÉS:
– Con la afirmación de que todo tiene su tiempo, y la invitación a vivir las cosas según nos pide el Señor, este pasaje del libro del Eclesiastés nos muestra que lo conveniente es vivir en la voluntad De Dios, en su tiempo, en su Providencia que dispone lo que más nos conviene.
– Nos resulta muy difícil vivir en la Divina Providencia porque estamos acostumbrados a vivir controlándolo todo, dominando nuestro tiempo, nuestros quehaceres, nuestra vida… Pero vivir en la Divina Providencia es dejar que los improvistos para nosotros, pero bien provistos De Dios, nos sorprendan, nos guíen nos lleven. De este modo vivimos en las manos De Dios y dejamos las riendas de nuestra vida al Señor.

SALMO:
“Bendito el Señor, mi Roca.”
– El primer matiz del salmo es una oración confiada en el Señor, que nos sostiene, que es nuestra fuerza, en quien podemos descansar y sostener nuestra vida.
– El Segundo es reconocer la grandeza De Dios, y la pequeñez del hombre, pues es una muestra en forma de pregunta, que el hombre no es digno De Dios; pero Dios infinitamente misericordioso y enamorado del hombre, lo adorna con sus bienes, porque el deseo De Dios es el bien del hombre, la salvación, la santidad.

LUCAS:
– Hoy como tantas veces a lo largo del año litúrgico recibimos una pregunta lanzada a nuestro corazón por parte del Señor, ¿quién dices que soy yo? Una pregunta que interpela nuestra vivencia de Cristo, y que quiere provocar un nuevo encuentro con Él en el cual dejemos de mirar nuestra vida con nuestra mirada y la miremos con la suya.
– Es verdad que la respuesta muchas veces es muy teórica, sé quien eres Jesús, eres El Salvador, el Mesías, el Redentor…, pero a Jesús lo que le importa es que sea una respuesta de vida, que Jesús sea realmente El Centro de nuestra vida, nuestro salvador en lo concreto de nuestra vida, el Mesías que nos trae todo el Amor del PAdre.
– Esta respuesta vivencia pasa por acoger la última afirmación de Jesús, la afirmación de querer ir a dar la vida con Cristo cada día, la afirmación de querer abrazar la cruz, y ofrecer nuestro cuerpo como hostia viva, santa, agradable a Dios. Ser todo para Él por el camino que nos marca, el de la entrega, el de la ofrecer la vida, el de crucificarnos con Cristo, para poder con Él resucitar.

María, Madre qué respondamos a Jesús con nuestra vida, con un corazón abierto, para que pueda hacer su obra en nosotros. Amén.

Un pobre sacerdote +++

VIERNES XXV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO