VIERNES XXIII TIEMPO ORDINARIO:

1 CORINTIOS:
– Lo que más urge en la vida de San Pablo es anunciar el Evangelio, y es lo que más le cuesta pero también lo que más gozo le produce, que llega a ser su propia paga. Llega a tal punto a ser algo vital en su vida el anuncio del Evangelio que no tiene problema en perder hasta su propia libertad haciéndose “esclavo de todos”, y todo para ganar hermanos para Cristo, para que todos conozcan el Amor que Dios les tiene y se salven. No teme a las privaciones necesarias para llegar a hacer la voluntad De Dios y a hacer el mejor anuncio del Evangelio posible.
– Lo principal para San Pablo no son los derechos adquiridos, sino la misión que ha recibido de evangelizar, y para pode cumplirla bien, es capaz de renunciar a cosas que le apetecerían. Nos muestra así Pablo, que no pasa nada por sufrir, si hace falta, por ayudar a los demás, por cumplir la tarea de evangelizar a los que encontramos por el camino. Lo que está claro es que hay que hacer negaciones y sacrificios por el Evangelio, por Cristo, y aunque son costosas, no hay nada comparado con llegar a Cristo Jesús.

SALMO:
“¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo!”
No hay da más grande que estar con el Señor, y por eso el corazón del salmista sólo descansa cuando está en las moradas celestiales, en las moradas divinas.

LUCAS:
– Nuevas recomendaciones del Señor a modo de comparaciones:
· Un ciego no puede guiar a otro ciego.
· Un discípulo no será más que su maestro.
· No tenemos que fijarnos tanto en los defectos de los demás, sino en los nuestros.
– Qué fácil vemos los defectos de nuestros hermanos, y qué capacidad tenemos de disimular los nuestros. Esto es ser hipócritas. Además nos metemos fácilmente a dar consejos y a corregir a otros, cuando no somos capaces de enfrentarnos sinceramente con nuestros propios fallos y pecados. Por eso debemos hoy hacer un sincero y sencillo examen de conciencia donde miremos más nuestros fallos, y le pidamos al Señor un verdadero propósito de enmienda para caminar en su presencia, y cuándo tengamos que mirar los fallos de los hermanos, que sea para que toquen la Misericordia De Dios por medio de nuestra obras, y puedan vivir una sincera llamada a la conversión.

María, Madre llévanos a vivir siempre de cara a tu Hijo, y no esconder nada de lo que hay en nuestra vida. Amén.

Un pobre sacerdote +++

VIERNES XXIII TIEMPO ORDINARIO