VIERNES XXII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

1 CORINTIOS:
– San Pablo nos pide que seamos verdaderos testigos, reflejos del rostro De Dios, que ven a Dios en nosotros. Y este testimonio se tiene que ver sobre todo en la fidelidad, en que uno no aparenta ser De Dios, sino que lo es de verdad y vive de este modo hasta en lo más pequeño de su vida, de tal modo que todo en su vida es De Dios, y todo lo vive en Dios. También esto se ve en lo que cada uno tiene en el corazón y si se deja iluminar por el Señor, cada uno de nosotros debemos pensar si dejamos al Señor vivir en nosotros y actuamos en consecuencia.
– Servidores de Cristo y administrados de los misterios De Dios, debe ser fieles, no son dueños, no son protagonistas, no salvan ellos, predican una palabra que no es suya, sino De Dios.
– La crítica de los demás nos tiene que infundir respeto, y nos puede ayudar a madurar y a mejorar nuestro servicio. Si seguimos nuestra conciencia e intentamos agradas a Dios, podemos tener esa serenidad que parece tener PAblo, porque la conciencia no le remuerde. ¿Qué buscamos e nuestro trabajo, el aplauso humano o el De Dios? Si la gente habla bien de nosotros, pero a Dios le estamos defraudando con nuestra actuación, malo.

SALMO:
“El Señor es quien salva a los justos.”
Busquemos la confianza en el Señor, que Él sea nuestro descanso, que Él sea nuestra delicia. Pongamos toda nuestra vida en su manos, buscando alejarnos del mal y eligiendo el bien por encima de todo.

LUCAS:
– Jesús nos habla de seguir haciendo ayuno es no reconocer que ha llegado ee Mesías. La alegría mesiánica supera al ayuno. Es la radical novedad que supone el acogerle como enviado De Dios.
– Aceptar a Jesús en nuestra vidas comporta cambios importantes. No se trata sólo de saber unas cuantas verdades respecto a él, sino de cambiar nuestro estilo de vida. Hay que vivir la alegría interior, y la novedad radical de Cristo. La fe en Cristo no nos pide que hagamos algunos pequeños cambios de fachada, que remendemos un poco el traje viejo, o que aprovechemos los órdenes viejos en que guardábamos el vino anterior. LA fe en Cristo pide traje nuevo y odres nuevos. Jesús rompe molde. Lo que San Pablo llama revestirse de Cristo Jesús, que no es poner parches ni cambios superficiales.
– El vino nuevo de Jesús nos obliga a cambiar los odres. El vino nuevo implica nuevas actitudes, maneras de pensar propias de Cristo, que no coinciden con las de este mundo. Son cambios de mentalidad profundos.

María, Madre que dejemos entrar a Jesús en nuestra vida, y que transforme todo.

Un pobre sacerdote +++

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