VIERNES XV SEMANA TIEMPO ORDINARIO

ÉXODO:
– La Palabra nos describe la cena pascual, está descrita con los ritos que luego se harían usuales: la reunión familiar, el sacrificio del cordero con cuya sangre marcan las puertas, la cena a toda prisa, los panes ácimos… Es un memorial, es el recuerdo de la gran prueba del amor De Dios que salva a su pueblo, pues Dios hace lo imposible para salvar a su pueblo y por amarle.
– Lo que se celebra es la Pascua, el paso, tránsito, fue Dio el que pasó de largo ante las puertas de los judíos, señaladas con la sangre del Cordero. Y así se pasa de la esclavitud a la libertad. Nosotros somos participes de esta Pascua por el Bautismo, y se nos encomienda celebrar la cena Pascual en la Eucaristía, donde seguimos siendo salvados por el Señor.

SALMO:
«Alzaré la copa de la salvación invocando el nombre del Señor.»
La forma de dar gracias al Señor, es dejar que Él haga su obra en nosotros, y ofreciendo el sacrificio de nuestra propia vida para que Él se manifieste y vivamos siempre en su presencia.

MATEO:
– Jesús es el Señor del sábado, renueva de este modo las instituciones judías, y de este modo vemos como todo se centra en Cristo. Pero lo más importante es que este señorío de Cristo tiene que ser sobre todo en nuestra propia vida, Él es el Señor de mi vida y tiene que ser El Centro, la roca firme donde se sostenga nuestro existir.
– «Quiero misericordia y no sacrificio»: que sentencia tan bonita, y que difícil de vivir, pues es más fácil llevar a cabo un sacrificio de vez en cuando, que vivir en la misericordia, que ser misericordioso con el prójimo, y que haga nuevas todas las cosas sobre todo que ame de un modo distinto al nuestro en nosotros. De este modo Jesús nos enseña a ser humanos, comprensivos, delicados tiernos…

María, llévanos a tener un corazón semejante al de Jesús. Amén.

Un pobre sacerdote +++

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