VIERNES XIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

JOSUÉ:

– Josué hace un repaso de la historia del pueblo, desde la llamada de Abrahán hasta el momento presente, pasando por las peripecias de la ida y vuelta a Egipto. Esto nos sirve también a nosotros para recordar la historia de salvación con la humanidad.

– Pero Josué no se quiere dar el mérito de todo esto, sino que quiere que el pueblo recuerde que todo procede De Dios y que está el pueblo en sus manos. Por esto nos ayuda a nosotros cristianos a ver cómo Dios ha actuado y sigue actuando en nuestra historia haciéndonos caminar hacia el bien, y sacándonos liberándonos del mal.

SALMO:

«Porque es eterna su misericordia» o «Aleluya»

Repetir que la misericordia De Dios es eterna es precioso para la historia del pueblo de Israel, pero también para ir poniendo esta letanía en cada una de la vivencias nuestras.

MATEO:

– Jesús reafirma hoy la indisolubilidad del matrimonio recordando el plan De Dios, ya no son dos, sino una sola carne, así pues, lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. Al mismo tiempo, negando el divorcio, Jesús restablece la dignidad de la mujer, que no puede ser tratada, como lo era en aquel tiempo.

– Jesús toma muy en serio las relaciones sexuales, el matrimonio y la dignidad de la mujer. No con los planteamientos superficiales de su tiempo, y de nuestro tiempo, buscando la mera satisfacción física pasajera. Jesús apela a la voluntad original De Dios, que comporta una unión mucho más seria y estable, no sujeta un sentimiento pasajero o al capricho. Este es el plan De Dios, que quiere que exista la atracción y el amor entre el hombre y la mujer, con una admirable complementariedad y con la apertura al milagro de la vida, en el que colaboraron con el mismo Dios.

– El matrimonio ha de ser aceptado con todas sus consecuencias, no buscándose a uno mismo, sino con una admirable comunión de vida que supone la vida conyugal, y la relación entre toda la unidad familiar. Pero además con la lección de la fidelidad estable, esto tanto para el matrimonio como para los que vivimos el celibato. Que importante es vivir la fidelidad y de este modo un amor que no se termina, y que no caduca, sino que crece con la vida y con la convivencia.

María, Madre llévanos a vivir un amor que tienda a la eternidad, que busque la fidelidad y así viva en la verdadera felicidad. Amén.

Un pobre sacerdote +++

VIERNES XIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *