VIERNES XIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

EZEQUIEL:

– Escuchamos hoy por medio del profeta una parábola, de una niña que Dios ha encontrado abandonada de todos y la adopta. La descripción de los favores con que rodea a esta niña, hasta convertirla en una mujer madura y hermosa, está cargada de detalles muy humanos. Pero ella, al verse llena de atractivo, se olvida de su bienhechor y se prostituye con cualquiera de los que pasan a su lado, olvida a su Dios y se va con los falsos dioses.

– La parábola no se dirige sólo a Israel. Se puede aplicar a la Iglesia, el nuevo Israel, que ha sido adornada por Dios con dones todavía más extraordinarios, y que se deja guiar por falsos dioses, como puede ser el prestigio, el poder, el dinero.

– La parábola también puede aplicarse a cada uno de nosotros, porque Dios ha puesto sus ojos en nosotros y se ha hecho ilusiones sobre lo que podíamos hacer para colaborará en la salvación del mundo. Y después de tanto bien recibido por parte De Dios, tenemos que pensar si le somos fieles, si vivimos para Dios o para otros dioses.

SALMO:

“Ha cesado tu ira y me has consolado”

El Señor es nuestra fuerza y en Él podemos confiar, sólo en Él hay fuentes de agua viva que sacian la sed de nuestra alma, vivamos en una continua acción de gracias y alabanza a nuestro Dios.

MATEO:

– Jesús reafirma hoy la indisolubilidad del matrimonio recordando el plan De Dios, ya no son dos, sino una sola carne, así pues, lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. Al mismo tiempo, negando el divorcio, Jesús restablece la dignidad de la mujer, que no puede ser tratada, como lo era en aquel tiempo.

– Jesús toma muy en serio las relaciones sexuales, el matrimonio y la dignidad de la mujer. No con los planteamientos superficiales de su tiempo, y de nuestro tiempo, buscando la mera satisfacción física pasajera. Jesús apela a la voluntad original De Dios, que comporta una unión mucho más seria y estable, no sujeta un sentimiento pasajero o al capricho. Este es el plan De Dios, que quiere que exista la atracción y el amor entre el hombre y la mujer, con una admirable complementariedad y con la apertura al milagro de la vida, en el que colaboraron con el mismo Dios.

– El matrimonio ha de ser aceptado con todas sus consecuencias, no buscándose a uno mismo, sino con una admirable comunión de vida que supone la vida conyugal, y la relación entre toda la unidad familiar. Pero además con la lección de la fidelidad estable, esto tanto para el matrimonio como para los que vivimos el celibato. Que importante es vivir la fidelidad y de este modo un amor que no se termina, y que no caduca, sino que crece con la vida y con la convivencia.

María, Madre llévanos a vivir un amor que tienda a la eternidad, que busque la fidelidad y así viva en la verdadera felicidad. Amén.

Un pobre sacerdote +++

VIERNES XIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO