VIERNES XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

2CORINTIOS:

– San Pablo nos muestra hoy su carnet de identidad, con los títulos de los que paren gloriarse sus oponentes: es hebreo, descendiente de Abrahán, servidor fiel de Cristo. Sobre todo ,es impresionante la lista de contratiempos que ha soportado durante su vida por amor a Cristo ya su ministerio: cárceles, fatigas, azotes, palizas, viajes, naufragios, peligros de todo tipo, noches en vela, días sin comer… Todo eso sí que hace creíble su predicación. Y junto con esto la preocupación diaria por todas las comunidades y solidaridad con los que sufren.

– San Pablo se ha identificado de tal manara con Cristo que revive en su propia historia la Pascua de Jesús y muere un poco cada día, se entrega cada día, para resucitar y recibir vida de Él. Nosotros también debemos entregarnos con Cristo, y dar la vida con cada hermano y en cada acontecimiento.

– Busque nos tener las entrañas de misericordia con las que vivía san PAblo: «¿quién enferma sin que yo enferme? ¿Quién ca sin que a mí me dé fiebre?». Y tener claro que presumimos de nuestras debilidad ya que en ellas se manifiesta este amor tan grande del Señor.

SALMO:

«El Señor libra a los justos de sus angustias».

Alabanza al Señor que se fija en el humilde y afligido que lo invoca con todo el Corazón en la necesidad.

MATEO:
– “No amontonéis tesoros en la tierra”: tesoros caducos, que la polilla y la carcoma destruyen o los Ladrones pueden fácilmente robar. Jesús los contrapone a los valores verdaderos, duraderos, los temores del cielo.
– “La lampara del cuerpo es el ojo”: nuestra mirada es la que da color a todo si está enferma , porque brota de un corazón rencoroso o ambicioso, todo lo que vemos estará enfermos. Si no tenemos luz en los ojos, todo estará a oscuras.
– Debemos preguntarnos qué temores apreciamos y acumulamos, y qué uso hacemos de los bienes de este mundo. Pues dónde está nuestro corazón, está la preocupación. Debemos tener cuidado porque ha cosas que se corrompen y pierden valor, y sobre todo si nos apegamos a cosas sin importancia.
– “Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón”. Los afectos siguen un bien precioso y hacen que la persona toda se mueva hacia él, hasta su sereno goce. Pero este movimiento tiene una orientación, una dirección que frecuentemente viene corregida por el navegador: Levantemos el corazón. Sin embargo, hemos de reconocer que no siempre lo tenemos levantado hacia el Señor y que su fuerza de atracción, el amor, es a veces ignorado por nuestras distracciones o por otros intereses. Señor, orienta nuestro pasos hacia ti.

María, Madre que nuestro corazón sólo sea de nuestro Dios y Señor. Amén.

Un pobre sacerdote +++

VIERNES XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO