VIERNES VII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

SANTIAGO:
– Empieza hoy Santiago con una sentencia muy sencilla, pero complicadísima de vivir: “no os quejéis los unos de los otros”, y nos invita a la paciencia. En el mundo de hoy vivimos en especial guiados por la queja y la crítica, y esto nos lleva a no saber esperar, a no tener paciencia. Es bueno saber esperar, es bueno colocar el corazón más en Dios para esperar contra toda esperanza que en una búsqueda continuada de nosotros mismos.
– La invitación a la paciencia y a la constancia viene on los ejemplos de tantos profetas y creyentes que supieron soportar todas las pruebas de la vida fiándose De Dios, y no quedaron defraudados. Pero el gran motivo de la paciencia es que Dios ha tenido y tiene paciencia con nosotros.
– No debemos cansarnos de obrar el bien, pase lo que pase a nuestro alrededor, nuestra actitud debe ser la fidelidad a Dios cuando van bien las coas y cuando somos objeto de injusticias

SALMO:
“El Señor es compasivo y misericordioso”.
El salmo nos hace expresar como el Señor siempre está a nuestro lado, siempre nos perdona, y nos cuida y busca lo mero para el hombre. Pero esta paz interior que nos regala Dios, tiene que venir secundada por una confianza en Él y por un trabajo para que el Reino De Dios venga a la tierra.

MARCOS:
– Hoy la enseñanza de Jesús es clara, es la indisolubilidad del matrimonio. Dios pensó que el hombre y la mujer formaran una sola carne, con igual dignidad desde el principio.
– El criterio de un cristiano no se puede bajar últimamente en las evoluciones sociales, sino en la perspectiva De Dios, en lo que Dios quiere y ha instituido desde la creación del mundo. Y una de las cuestiones esenciales para la indisolubilidad del matrimonio es la fidelidad, a la que Dios va educando al pueblo de Israel, que se va fácilmente con otros dioses.
– Una de las razones del deterioro de la fidelidad estable es la poca preparación y la poca maduren humana con la que se llega al matrimonio. Hay que educar hoy y vivir más en la fidelidad estable y la entrega total, como la del mismo Cristo, que se consagró hsta la muerte a la misión que le había encomendado el Padre para la salvación de la humanidad.

María, Madre llévanos a ser fieles y entregados todos los días de nuestra vida. Amén.

Un pobre sacerdote +++

VIERNES VII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO