VIERNES V TIEMPO ORDINARIO

GÉNESIS:

– Al principio todo era bueno, y la situación de Adán y Eva en el paraíso era idílica. Pero llega el pecado y lo cambia todo. De vivir en una relación de amistad y de gozo con Dios, después del pecado, empiezan a tener miedo De Dios y se esconden de su presencia.

– Adán y Eva faltaron a una voluntad expresa De Dios, seducidos por la idea de ser como Dios en el conocimiento del bien y del mal; y sobre todo porque la serpiente había sembrado en ellos el veneno de la desconfianza y les hace fijarse en ese árbol, y no en todos la creación que Dios había hecho para ellos. Además ese árbol era necesario para cada uno de nosotros, pues es nuestra libertad, es el regalo más grande de amor De Dios para con nosotros. Lo que suele suceder es que nosotros nos hacemos un buen uso de nuestra libertad.

SALMO:

“Dichoso el que está absuelto de su culpa”.

No hay nada como pedir perdón a Dios que es Misericordia. Esto hace el salmista, reconocer su culpa y su pecado y confesarlo a Dios, sabiendo que Dios está siempre dispuesto al perdón. Como no somos capaces de vivir sin pecar, debemos reconocer sin miedo, totalmente y con sinceridad nuestros pecados y que el Señor nos abrace en su perdón. Esto es lo que hacemos y vivimos en el sacramento de la reconciliación.

MARCOS:

– Que grande es Jesús que se involucra en nuestra vida, que le importa nuestra vida, y que está buscando siempre el modo de tocar nuestra vida y sanarnos, Él da la vida por nosotros sin miedo, se entrega a sí mismo por nosotros.

– Jesús trata al sordomudo con una dignidad tremenda, y que le lleva a experimentar un gran amor, a Jesús le importan las personas, sus enfermedades, sus dificultades, y de este modo nadie que se haya encontrado con Cristo queda de la misma manera, son encuentros que jamás se olvidan.

– El milagro de hoy nos recuerda de modo especial al Bautismo, porque uno de los signos complementarios con que se expresa el efecto espiritual de este sacramento es el rito del “Effetá”, en el que el sacerdote toa con el dedo los oídos y la boca de bautizado diciendo: “El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda, a su tiempo, escuchar su Palabra y proclamar la fe, para alabanza y gloria De Dios Padre”.

El cristiano ha de tener abiertos los oídos para escuchar y los labios para hablar. Para escuchar tanto a Dios como a los demás, sin hacerse el sordo ni a la Palabra salvadora ni a las necesidades del prójimo. Para hablar tanto a Dios en la oración, como a los demás para dar testimonio, viviendo en una continua alabanza y no en la queja.

María, Madre que no nos dejemos llevar por las sorderas de nuestro pecado, y vivamos para alabar a nuestro Rey y Señor. Amén.

Un pobre sacerdote +++

VIERNES V TIEMPO ORDINARIO