VIERNES III TIEMPO ORDINARIO

HEBREOS:

– Se ve que en esta comunidad empezaron su vida cristiana con mucho fervor, pero ahora les faltaba constancia. Por eso el autor de la carta invita a no perder el fervor de los primeros días, y si siguen con valentía al Señor verán la salvación, pero si se acobardan, lo perderán todo.

– Se nos invita a nosotros a ser constantes, a ser valientemente cristianos en medio de un mundo hostil. Nos debe dar ánimos en nuestra lucha de cada día, por una parte, el recordar el amor primero, los inicios de nuestra fe, cuando éramos capaces de soportarlo todo con amor y con un convencimiento de fe, y por otro, mirar hacia el premio futuro, con los ojos puestos en el cielo.

SALMO:

“El Señor es quien salva a los justos.”

A los que indigna la felicidad de los malvados, se contrapone este salmo, espejo de la Providencia, contrapone la enseñanza de los sabios sobre la retribución temporal de los justos y de los malvados. Por eso hay que vivir en las manos del Señor, en su confianza, y no en la nuestra, siendo leal y buscando el bien como vemos que nos hace a cada uno el Señor día tras día.

MARCOS:

– Al escuchar estas parábolas de Jesús vemos la fuerza intrínseca de la gracias y de la intervención De Dios, se ve la potencia de la acción de la gracias, y la no espectacularidad del obrar De Dios. Dios obra maravillas y obras grandes en las almas de los hombres, pero no lo hace para que se vea, sino en lo escondido donde va creciendo poco a poco, desde los corazones dóciles y humildes. De este modo también se ve la desproporción entre los medios humanos y la fuerza De Dios.

– Los medios más pequeños producen frutos inesperados, no proporcionaos ni a nuestra organización ni a nuestros métodos e instrumentos. La fuerza de la Palabra De Dios viene del mismo Dios, no de nuestras técnicas, no de nosotros mismos.

– Tampoco tendríamos que desanimarnos cuando no conseguimos a corto plazo los efectos que deseábamos. El protagonismo lo tiene Dios. Esa fuerza interior es el amor que Dios nos tiene, o su Espíritu, o la gracia salvadora de Cristo Resucitado, entonces el Reino germina y crece poderosamente. Pero debemos colaborar con nuestra libertad, pero sin olvidar que el protagonismo es De Dios.

– Trabajar con la mirada puesta en dios, sin Él no podemos hacer nada, sí tenemos que trabajar, pero nuestro trabajo no es lo principal, sino dejar obrar a Dios en nuestro trabajo.

María, Madre, que dejemos obrar a Dios en nuestra alma, y que nosotros hagamos todo lo posible para que este obrar sea cada día más según su voluntad.

Un pobre sacerdote +++

VIERNES III TIEMPO ORDINARIO