VIERNES DESPUÉS DEL DOMINGO DE EPIFANÍA

1JUAN:
– El testimonio para san Juan, es triple, el Espíritu, el agua y la sangre. Jesús en quien creemos es el que fue bautizado pro el Bautista en el agua del Jordán, con el Espíritu sobre él, y el que al final de su vida derramó su sangre en la cruz, y luego fue resucitado por ese mismo Espíritu. Agua y sangre que son certificadas siempre por el Espíritu, el maestro yel garante de toda fe verdadera.
– Lo principal es lo que sucede a los que creen en el Enviado De Dios vencen al mundo y tienen la vida eterna.
– Nosotros después de estas fiestas de Navidad, deberíamos sacar claras consecuencias en nuestra fe, y por eso nos preguntamos, si estamos de verdad venciendo al mundo, si en la batalla entre el bien y el mal, dejamos que el Señor venza en nuestra vida.

SALMO:
«Glorifica al Señor, Jerusalén»
El Señor obra para nuestra salvación y nosotros debemos dejarnos salvar por Dios viviendo siempre para Él sin reservarnos nada.

LUCAS:
– Si nos fijamos es admirable la disposición y la oración del enfermo: «Señor, si quieres puedes limpiarme». Y la respuesta concisa y efectiva de Jesús: «quiero, queda limpio». Jesús tiene un corazón enorme, siempre está dispuesto a extender la mano y tocar al que sufre, para curarle y darle su Espíritu, y así el ánimo de la fe. Nosotros también deberíamos ser entregados y extender la mano hacia el que sufre, para darle la salvación De Dios, para darle esparzan, a semejanza de Jesús.
– La lepra no era sólo una enfermedad, sino que significaba la marginación de la persona que la sufría. El leproso estaba separado de la comunidad, vivía fuera de los muros de la ciudad.
– Jesús cura a este leproso de una enfermedad moratal, un leproso es como un muerto, debe andar errante, con el vestido rasgado, la barba cubierta y la cabeza desgreñada gritando impuro. Jesús cura y limpia como señal de la llegada de los tiempos mesiánicos.

«REsulta extraño que este episodio de la vida del Señor se proclamado en Navidad: hay un gran contraste entre la piel aterciopelada del recién nacido y aquella masa infecta del hombre que se le acerca. Sin embargo, esta es una imagen del misterio de la condescendencia De Dios manifestada en al encarnación de su Hijo: deformes por el pecado, los hombres somos amados hasta el extremo de asumir nuestra propia carne» (Del libro del Magnificat)

María Madre traemos nuestro lepra para que nos ayudes a decir contigo, si quieres Jesús tú puedes limpiarme. Amén .

un pobre sacerdote +++

VIERNES DESPUÉS DEL DOMINGO DE EPIFANÍA