TODOS LOS SANTOS

Comentario a las lecturas

APOCALIPSIS:

– Los que van al cielo son los que vienen de la Gran Tribulación, los que han pasado por las dificultades de la vida, pero que también han sido vestidos con las vestiduras blancas, que es la vestidura del banquete de bodas del Cordero, que es la vestidura de la gracias, y que no la consiguen por sus propias fuerzas, sino que es blanqueada con la Sangre del Cordero, por la victoria de nuestro Dios, es Dios el que abre la puertas del cielo, y él que atrae hacia si a todos, pues el deseo De Dios es que todos los hombres se salven.

SALMO:

"Esta es la generación que busca tu rostro, Señor."

El salmo nos muestra a aquellos que ya gozan de la presencia del Señor, y que Dios los tiene en su misericordia, y nos muestra cuál es el amigo para llegar al Señor, los que llegan al monte del Señor, son los hombres de manos inocentes y puro corazón, que no confían en los ídolos. Son los que han puesto su corazón, sus manos, su vida, en el Señor, que viven fiados de un Dios Amor Misericordioso.

1 JUAN:

– Somos hijos De Dios, y esto no nos lo podemos otorgar a nosotros mismos, sino que Dios quiere amarnos de este modo, y es el regalo de la filiación, que es también el camino para el cielo. Pero debemos también ser semejantes al Hijo, a Jesucristo, debemos parecernos a Él. Por eso signo de la santidad, es que la imagen de Jesucristo se transparenta en nuestra vida. Por eso debemos dejarnos purificar por Él, para que sea Él quien viva en nosotros, y seamos verdaderos hijos De Dios.

– Hoy se uno la idea de que somos hijos De Dios, objetos del amor del Padre, con nuestro destino, que Dios quiere que nos salvemos. Pero no podemos quedarnos en lo de ahora, sino que debemos ser semejantes a Jesús, para ver al Padre tal cual es.

MATEO:

– Las bienaventuranzas son el mejor camino para llegar a esa felicidad definitiva del cielo, el camino que han seguido Los Santos de todos los tiempos.

– Dando inicio al sermón del a montaña, Jesús proclama una sorprendentes bienaventuranzas, llama felices a los pobres, a los que sufren, a los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que traban por La Paz, los que son perseguidos por su fe.

Hoy es día de triunfo en la Iglesia, hoy todo resuena a Victoria, es el triunfo de los hijos De la Iglesia que han acabado su peregrinación terrena y viven triunfantes para siempre con Dios, gozan de la gran consolación De Dios, están saciados en su hambre y en su sed De Dios, y le ven cara a cara, son de verdad los hijos De Dios, tienen en posesión el Reino de los cielos.

Es el triunfo, es la felicidad, bienaventurados, dichosos, los llama el mismo JEsús. Pero son bienaventurados porque supieron seguir las sendas de la pobreza, de la mansedumbre, del llanto en el corazón, del hambre y la sed de justicia, supieron ser misericordiosos con todos, supieron mantener su corazón limpio; supieron ser sembradores de paz por el mundo, y ser perseguidos y mantenerse firmes en la persecución mirando el fruto que esa persecución les iba a dar.

Pero el triunfo de nuestro hermanos en la tierra, es el triunfo de de nuestro Dios. Porque la debilidad terrena, las dificultades interiores de nuestra naturaleza que hizo mala el primer pecado, las oscuridades de nuestra inteligencia que camina por senderos oscuros y negros tantas veces, la debilidad de nuestra voluntad que no quiere, y cuanto quiere, no puede todo lo que quisiera. Las circunstancias concretas de la nuestra vida íntima, las miserias en que vivimos, nos son para cantar un triunfo, ni ellas de por sí producir una salvación. LA salvación es de nuestro Dios.

La salvación es de nuestro Dios , que ha venido del divino sembrador que ha sembrado buenos deseos en el alma, y que los ha hecho brotar y los ha hecho crecer, hasta dar fruto. Es el triunfo del buen samaritano que ha curado todas las heridas con el bálsamo de su amor. Es el triunfo del Buen Pastor que ha buscado la oveja perdida y la ha puesto sobre sus hombros y la ha llevado de nuevo al redecilla. Es el triunfo de Jesús, El Salvador, que los ha cogido, que los ha unido consigo, que los ha crucificado en su propia cruz, que los ha hecho morir con Él para vivir con Él, para resucitar un día con Él. Es el triunfo De Dios, la salvación es de nuestro Dios, de ese Dios que está sentado en el trono; la salvación es del Cordero que ilumina con su luz la ciudad De Dios.

El ejemplo de nuestro hermanos nos lleva a levantar hoy el corazón, a no dejarle abatirse nunca, a no dejarle que desconfíe nunca. Se abatiría y desconfiaría con razón, si no se mira más que a sí mismo; pero el triunfo no es nuestro, la salvación no es nuestra, la salvación es de nuestro Dios, también en nosotros.

Levantados así en nuestra confianza, llenos nuestros ojos de La Luz de la fe, apoyándonos siempre en el que es consumidor de nuestra fe, en el que nos ha salvado de verdad, vamos adelante por nuestra peregrinación terrena, porque no caminamos solos, es el Señor, el que va delante.

María, Madre, que vivamos siempre en tus manos, y nos lleves a vivir en la salvación de nuestro Dios. Amén.

Un pobre sacerdote +++

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