TERCER DOMINGO DE CUARESMA

ÉXODO:
– Moisés tiene la misteriosa experiencia de la zarza ardiente y escucha la voz De Dios que le envía a liberar a su pueblo. Es un episodio decisivo en su vida. Es un hecho espectacular, pues veía como la zarza ardía sin consumirse. Y es importante que Moisés presta atención al hecho, y de este modo también es capaz de escuchar a Dios, que le invita a descalzarse para entrar en terreno sagrado. Es un gesto sencillo pero muy significativo, pues es la llamada De Dios a cuidar la entrada en lo sagrado, descalzándonos de nosotros mismos para entrar en Él, abriendo nuestro corazón a su acción gloriosa. Con esta actitud Yahvé se le revela y le dice su nombre que será el que le diga al pueblo, que Yahvé va a rescatarle, Dios es un Dios que salva, que está con su pueblo para salvarle.
– Podríamos resumir el pasaje como la revelación de la identidad De Dios como Dios cercano, misericordioso y liberador.

SALMO:
“El Señor es compasivo y misericordioso”.
El salmo recalca la característica de la cercanía, liberación y misericordia De Dios, pues muestra como nos trata el Señor ante nuestro pecados, cómo nos busca cada día para tener misericordia de nosotros, para amarnos y sacarnos de las tinieblas a La Luz, de la muerte a la vida, del pecado a la gracia.

1 CORINTIOS:
– Esta lectura nos ayuda a entender mejor la primera, nombrando a Moisés como guía de su pueblo por el desierto. La nube, el alimento del maná y el agua de la roca prefiguraban los daños que Cristo trajo a la humanidad, pero para la mayoría de aquel pueblo no sirvieron, porque no llevaban una vida de acuerdo con la Alianza con Dios.
– Todas estas cosas sucedieron en figura para nosotros y como escarmiento. Es la muestra de que ya en el Antiguo testamento se prefigura a Jesucristo nuestro salvador.
– Y por último a nosotros puede resultarnos inútil la salvación de Cristo si no le respondemos con nuestra vida, y es vivir en la fe en el Señor, sin dejarnos caer por las cosas que no son De Dios.

LUCAS:
– Hoy Jesús nos enseñan desde hechos que han sucedido en su momento, y fueron como noticia para el pueblo. Esta vez, los que habían perecido al aplastar las autoridades una revuelta de los galileos, y otros que habían muerto aplastados por un muro que se había caído. La enseñanza de Jesús es que si no nos convertimos, todos pereceremos igual. Y a raíz de estos hechos añade la parábola de la higuera que no da fruto y el dueño del campo quiere cortar, para que no ocupe terreno sin sentido, aunqu el labrador intercede por ella y consigue que de momento le den una prórroga.
– Jesús nos quiere enseñar algo concreto, y es que ante las situaciones, los eliminados por la autoridad serían eliminados pro rebeldía, los muertos del muro, por accidente, pero la higuera corre el peligro de ser arrancada por su esterilidad. Y es una muestra concreta para nuestra vida: cada uno de nosotros debemos convertirnos, porque tenemos muchos momentos de rebeldía, porque nos metemos en asuntos que son peligrosos, pero sobre todo por no dar los frutos de amor que debemos dar cada día.

Tenemos una llamada profunda a la conversión, que no es hacer penitencia, ayuno o limosna. Sino que es camino de mentalidad, lo que nos pide la Cuaresma es una cambio en lo más profundo de nuestro ser que se debe manifestar en nuestras obras exteriores. Por lo que podríamos decir que una conversión que es autentica, nos duelo, es meter el dedo en la llaga, y corregir las raíces de nuestros males, de nuestros pecados, de nuestras rebeldías. Debemos operar nuestra vida, y no dar remedios caseros que no llevan a ningun lado, hay que entrar en lo más profundo de nuestros pecados, con la misericordia De Dios, para que Él transforme nuestro corazón de piedra en un corazón de carne.
La conversión no es sólo un deber, es también para todos una posibilidad. Nadie está excluido de la posibilidad de cambiar. Nadie puede ser dado por irrecuperable, existe la posibilidad de cambio, pero siempre en manos del Señor, es imposible para los hombres, no para Dios. En Cristo que ha descendido para liberar a su pueblo, liberar a todos los pueblos del enemigo común, que es le pecado y la muerte.

Sobre la conversión el Señor propone una parábola, en ella se ve lo que es un corazón que no acaba de convertirse. Es como la higuera que no da fruto, y se ve la reacción del Señor frente a ella, frente a ese corazón que no se convierte. Esta no es la del dueño de la viña que quiere talarla, esa es la reacción humana utilitarista, si no da fruto, no vale para nada que no ocupe más espacio. La reacción del Señor es esta: “DÉJALA TODAVÍA ESTE AÑO; YO CAVARÉ ALREDEDOR Y LE ECHARÉ ESTIÉRCOL A VER SI DA FRUTO. SI NO, EL AÑO QUE VIENE LA CORTARÁS”.
La reacción del Señor es esperar, esperar a que el alma se convierta de verdad, esperar a que demos frutos de virtudes, de buenas obras. Pero no es una espera pasiva por parte del Señor, sino que Él cavará, trabajará en nuestra viña. El Señor es quien va a trabajar en nosotros para que demos frutos, no se queda de brazos cruzados, sino que se implica en nuestra vida. Esta es la obra de la gracia en nosotros, si le dejamos al Señor entrar. Es La Luz de la gracia, el deseo que pone en nosotros de santidad, con todas las circunstancias exteriores de que se vale para que nuestro corazón vuelva a Él. Se sirve de los bueno y de lo malo, para que demos frutos de verdad.
En el Salmo vemos como el Señor espera siempre, es compasivo y misericordioso siempre; y a la vez se preocupa y se ocupa en nuestra vida. Pero lo que está claro es que no vale con que trabaje Él sólo, porque espera que nosotros pongamos nuestra parte y de este modo dejarle moldear nuestra vida, y ponernos manos a la obra con nuestro esfuerzo, nuestra voluntad, nuestras practicas cuaresmales, pero sabiendo siempre que si el Señor no nos da una nueva oportunidad, y no nos da el poder de su gracia, no podemos hacer nada.

María, Madre llévanos a recibir la gracia De Dios, con una vida dispuesta a vivir la santidad. Amén.

Un pobre sacerdote +++

TERCER DOMINGO DE CUARESMA