TERCER DOMINGO DE ADVIENTO

SOFONÍAS:
La alegría a la que nos invita el profeta Sofonías es que el Señor ha cancelado ya la deuda, que ha triunfado de los enemigos y querer ser nuestro Rey. Nadie tiene por qué temer, ni han de desfallecer las manos de nadie. El Señor, nuestro Dios está en medio de nosotros, es Él quien nos sostiene y quien nos salva. Más aún, es el Señor el primero que se alegra: Él se goza y complace en nosotros, nos ama y se alegra con júbilo.
No hay mayor alegría que sabernos amados por Dios que ama con un corazón incondicional, y que ama hasta el extremo, sin medida, sin guardarse nada, y lo más grande es que sabe lo que más nos conviene.
Hay un matiz, el profeta subraya que es Dios quien primero se alegra, nuestra alegría es así participación en la alegría De Dios. No es alegría superficial, basada en cosas materiales. Es alegría profunda arraigada en la fe. Y va acompañada de una vida de correspondencia.

SALMO:
“Gritad jubilosos: Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.”
Como no confiar en el Señor, Él es nuestra fortaleza, nuestra salvación, y por esta salvación no hay temor en nuestro corazón. Además, es el Señor quien abre de par en par su corazón para que podamos participar de las fuentes de la salvación, del torrente de su misericordia. Nuestra respuesta debe ser la acogida de tanto amor, la acción de gracias y la alabanza por tanto bien recibido. Y como no alegrarnos con ello.

FILIPENSES:
Gran mensaje de alegría por medio del apóstol, pero sobre todo la alegría, no nos viene de nosotros mismos, sino de quién viene a nuestra vida de quién esta cerca. Pero esta alegría por la cercanía del Señor tiene sus consecuencias en la vida de los cristianos, que tienen que distinguirse, según san PAblo, por su mesura, por su oración, y por su acción de gracias, y así se verá en ellos La Paz y la serenidad De Dios.
Dejemos que nos inunde el Señor, para que sea nuestra alegría, y así su paz, sea quien custodie nuestros corazones y nuestros pensamientos para que no se separen del amor De Dios.
Hoy el Señor nos dirige una palabra de ánimo, invitándonos a no tener miedo, a que nuestro corazón esté en paz, porque Él está siempre cerca de nosotros. Se trata de la alegría que es fruto del Espíritu; de la alegría que Cristo tenía y que pedía al PAdre.

LUCAS:
Hoy tenemos un camino muy grande y muy exigente que nos marca el Evangelio por medio de San Juan Bautista. Anunciar la Buena Noticia, pues viene alguien mucho más importante, que bautizará en Espíritu Santo y fuego. Pero a la vez muestra la exigencia de que hay que preparar esa venida con gestos de caridad fraterna y de justicia muy claros: compartir lo que tenemos, no exigir más de lo establecido, no hacer violencia a nadie.
Hay que vivir siempre la exigencia que tiene todo amor y todo don. Debemos pensar cómo compartiremos nuestros bienes con el más necesitado, cómo seremos más amantes de la justicia y de la verdad, no de la palabra, sino con hechos. No necesariamente con los de lejos, sino más bien con los más cercanos, en nuestra familia, en nuestro trabajo, con nuestros amigos…. Y no pensando sólo en lo económico, aunque también, sino con muchas personas que necesitan nuestra presencia y cercanía, nuestra palabra amiga, la comunicación de nuestra fe.
Nosotros debemos preguntaros qué debemos hacer, sobre todo en la caridad fraterna, en la justicia, en la no violencia, en el cuidado de los más pequeños, pero también en relación con Dios, en nuestra oración y relación.
No se trata de hacer milagros, sino de cuidar nuestra vida de cada día, viviendo en el Amor De Dios, todos tenemos la tentación del egoísmo que nos encierra en nuestro propio bien, de la ambición que nos impulsa a aprovecharnos de los demás con injusticia …. Que se note la alegría en nuestra vida, y una mayor paz interior. Pero que se note también que compartimos nuestro vienes con los más necesitados, que procuramos ser más justos en nuestro trato con todos. Y en el trato con el Señor.

María, Madre llévanos a vivir siempre en el Corazón de tu Hijo, para no separarnos de Él y vivir en la verdadera caridad. Amén.

Un pobre sacerdote +++

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