SÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
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1 SAMUEL:
– Leemos hoy en este pasaje como Saúl quería dar muerte a David, y le perseguía con todas sus fuerzas. Pero de repente el que tiene en sus manos la vida de Saúl es David, y Abisay le invita a matarle, pero David, que aunque muy pecador tiene en este momento un verdadero respeto al ungido del Señor, y no le da muerte, tiene misericordia de él, para que se de cuenta que no quiere hacerle ningún mal, sino que quiere que se de cuenta que respeta lo que el Señor dispone.
– Es un pasaje entrañable, pues muestra como se hace más perdonando que tomando la justicia por nuestra mano. Esta es la tónica dominante de las lecturas de este domingo, poder hacer una obra de compasión, que transforme el mundo desde lo más íntimo de cada persona.

SALMO:
"El Señor es compasivo y misericordioso"
El Salmo nos invita a reconocer cómo es el corazón de Dios, y a bendecirle por tanto amor como nos tiene. Yo invito hoy a hacer este salmo como una oración tranquila y sencilla, dónde vayamos rezándolo en primera persona. ESto es el Señor me perdona a mí, me cura a mí, me rescata a mí, es compasivo y misericordioso conmigo…. Y empezara a vivir desde este Amor que lo puede todo, que lo hace todo nuevo, que cambia el corazón de piedra en corazón de carne. Ahora nos toca a nosotros ser compasivos y misericordioso como el Señor lo es con nosotros.

1 CORINTIOS:
– Le preocupa a san Pablo convencer a los Corintios de la verdad de la resurrección final de las personas incluso en su corporeidad. Si el domingo pasado leíamos la resurrección de Cristo garantiza la nuestra, porque ambas están íntimamente ligadas, hoy razona sobre la transformación que se va a dar en nuestra identidad. De momento somos hombres terrenos, porque pertenecemos a la estirpe del primer Adán. Pero estamos llamados a ser hombres espirituales, celestiales, unidos y semejantes al último Adán, a Jesucristo, vivo y resucitado, vencedor del pecado y de la muerte.

LUCAS:
– Hoy Jesús su impactante, y distinta al mundo, doctrina sobre el amor a los enemigos, que no se trata sólo de no vengarse, ni siquiera sólo es perdonar y olvidar, sino almo más grande, más fuerte, heroico, amar a los enemigos, hacer el bien a los que os odian, poner la otra mejilla, tratar como queremos que nos traten. Y el modelo es el Padre Dios que es compasivo y nosotros también debemos serlo.
– Para que nos ayuden vamos a poner a modo de sentencias lo que hoy nos va pidiendo Jesús:
+ Amad a vuestro enemigos.
+ Haced el bien a los que os odian.
+ Bendecid a lo que os maldicen
+ Orad por los que os calumnian.
+ Poner la otra mejilla.
+ Al que te quite la capa, dale también la túnica.
+ Tratad a los demás como queréis que ellos os traten.
– Cómo bien dice hoy el Señor el mérito no es amar al que me ama, o amar al que me puede corresponder, y al que está deseoso de hacerlo. Lo que nos duele es cuando alguien no nos agradece algo que hemos hecho por él, o incluso parece olvidarse, esto nos duele en el alma, y nos hace guardar rencor y enfadarnos desde bien dentro. Y JEsús ante esto nos dice: "…amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa…."
Qué difícil es este dar sin esperar nada, dar gratis lo que hemos recibido gratis, y esperar la recompensa del cielo, nosotros le decimos al Señor que ya podía darnos algo aquí en la tierra, pues nos cuesta a veces entender y perseverar.
– Pero la clave bajo mi punto de vista del Evangelio del día de hoy esta un poco más adelante: "SED MISERICORDIOSOS COMO VUESTRO PADRE ES MISERICORDIOSO…" No se trata de amar con nuestras fuerzas y con nuestro débil y pobre corazón, sino con el Corazón de Dios que es capaz de amar a todos, que siendo el único que puede juzgar debido que su juicio sea con misericordia, que decide perdonarnos, darnos todo su amor, y además lo hace sin medida, su medida es dar sin medida. Si no nos unimos a este Corazón que tanto ama no podemos pretender amar a los que nos cuesta amar.
– Esta regla de unión con el Señor la podemos unir a la regla de oro más humana: "tratad a los demás como queréis que ellos os traten", nosotros si queremos que nos perdonen, que sepan disimular nuestros fallos, que nos escuchen, que no acojan…. Si hiciéramos una lista de detalles y aspectos de cómo queremos que los demás nos traten a nosotros, sólo bastaría que sencillamente trasladáramos esa lista a nuestro trato con los demás. Es lo que le decimos en el fondo al Señor al rezar el Padre nuestro: "perdónanos como nosotros perdonamos", menos mal que Él si es Misericordia, sino estaríamos apañados.

María, Madre ayúdanos a que pensemos siempre en los demás como en nosotros mismos, y a amarles con ese amor delicado con el que queremos que nos amen a nosotros, en todas las vivencias y no sólo en las fáciles, o en las amistosas. Además María, te pedimos que intercedas por nosotros para que unamos nuestro pobre y herido corazón al de tu Hijo JEsús, y Él nos lleve a vivir en el Corazón Misericordiosos y Compasivo del Padre, y no vivir amando con nuestras fuerzas limitadas, sino con las suyas eternas. Amén

Un pobre sacerdote +++

SÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO