SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA

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GÉNESIS:
– Hoy contemplamos a Abran, que acepta la alianza del Señor. Dios le hace a su siervo dos promesas increíbles:
1. Es que será padre con Sara en su ancianidad, tendrán un hijo, que a su vez dará origen a un pueblo numeroso. Es la visión de las estrellas, así será su descendencia, igual de numerosa.
2. Es que Dios le promete una tierra, a él que no tenía nada propio, recibirá, toda esa tierra en posesión.
– La fe de este hombre es admirable, por eso es nuestro padre en la fe, porque espera contra toda esperanza y deja a Dios ser Dios en su vida. Y la alianza se sella con el símbolo de descuartizar animales, colocarlos y los miembros de la familia pasaban por en medio, y Dios pasó en forma de antorcha de fuego. De este modo vemos como Dios sella su alianza, y se promete que si alguno no la cumple acabe con la condena del fuego.

SALMO:
"El Señor es mi luz y mi salvación."
Esta afirmación que es una muestra de confianza, pues es contar con Dios, es lo que aparece en el salmo del día de hoy, poner todo en manos de Dios, buscar su rostro, buscando gozar del Señor para siempre en el cielo. Nuestro caminar es hacia el cielo, y sólo es posible si caminamos en el Señor.

FILIPENSES:
– La segunda lectura nos adelanta hoy el Evangelio. San Pablo se lamenta de la poca madurez de algunos que rechazan la cruz en su programa de seguimiento de Jesús: andan como enemigos de la cruz de Cristo, buscando las cosas de aquí abajo, del mundo, aspirando sólo a las cosas terrenas. Que impresionante es darnos cuenta de que cuando nos dejamos llevar por las cosas del mundo, cuando sólo buscamos lo terreno, somos enemigos de la Cruz de Cristo, no porque despreciemos directamente al Señor, sino porque no estamos dispuesto a que se encarne en nosotros, y mucho menos a crucificarnos con Él.
– Debemos caer en la cuenta que los verdaderos cristianos aceptan a Cristo en todo, en lo que les gusta y en los que no, en lo fácil y en lo difícil, en lo exigente sin guardarse nada. Aceptemos a JEsús con su cruz y su resurrección, sabiendo que también somos nosotros ciudadanos del cielo, esperando el Cielo, pues Dios quiere llevar nuestra condición humilde y hacerla semejante a su cuerpo glorioso. ES la transfiguración en Cristo que nos muestra el Evangelio.

LUCAS:
– Ante este pasaje de la transfiguración de Jesús en el camino de la cuaresma, podemos procurar entenderlo con el prefacio de la misa: "él, después de anunciar su muerte a los discípulos, les mostró en el monte santo el esplendor de su gloria, para testimoniar, de acuerdo con la ley y los profetas, que la pasión es el camino de la resurrección."
– Hoy el Señor quiere revivir con nosotros la experiencia que tuvieron estos tres discípulos. Dios quiere mostrarnos un anticipo de la gloria de la resurrección, antídoto al escándalo de la cruz, muestra, que JEsús es la consecución de la Ley, Moisés, y de los profetas, Elías. El tabor es una ventana sobre nuestro futuro, nuestro cuerpo se transformará también el luz, pues somos templos del Espíritu Santo.
– Aparece todo en medio de una nube luminosa, que en la Sagrada Escritura es señal de la presencia augusta de Dios que lo envuelve todo, es la presencia del Padre que nos va invitar a Escuchar a su Hijo predilecto, escogido. El Señor lo envuelve todo con su presencia, pero yo tengo que tener capacidad de escuchar, pero no sólo con los oídos, sino con un corazón que esté dispuesto a escuchar, a que todo sea suyo en mi vida. Para que el Señor pueda transfigurar todo nuestro ser, nuestro cuerpo y nuestra alma, tenemos que dejarnos transfigurar.
– La transfuguración que es muy importante es la que tenemos que vivir día a día en nuestro propio corazón. Y esto es porque en nuestro corazón hay muchas tendencias que no son del cielo, muchas cosas mundanas, enraizadas en el pecado, y esto nos sumerge en las tinieblas, en el pecado, en la separación de Jesús. Necesitamos vivir una transfiguración que sea dejar nustras pasiones para poner en nosotros los afectos santos del Corazón de Jesús, dejar nuestra soberbia para poner su humildad; dejar nuestra pereza para poner su diligencia en el servicio, dejar nuestra vanidad para poner en él sólo la gloria de Dios; dejar nuestra sensibilidad para poner la pureza de la luz de Cristo en nuestro corazón. Hay que transfigurar el corazón. Y esto se consigue por el camino de la pasión y la Cruz, por el camino de la mortificación, de este modo nos negamos a nosotros mismos, para negar las cosas terrenas que hay en nosotros, y vamos haciendo que cesen en nuestro corazón las tinieblas del enemigo y se vaya inundando el corazón de la luz, del esplendor, de la gloria del Corazón de JEsús.

María, Madre llévanos a vivir el pacto de Amor que el Señor nos regala al entregarse en la Cruz, y que lo hace para que nuestro corazón se trasfigure y se haga semejante al Suyo. Amén.

Un pobre sacerdote +++

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA

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