SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO C

BARUC:
– Vemos como el profeta da un mensaje de esperanza, pues a pesar del periodo desastroso que ve el pueblo en lo social y en lo religioso, el profeta asegura la cercanía y la ayuda De Dios..
– Pide al pueblo que se despojen de todo vestido de luto y se vistan sus mejores trajes de fiesta, incluida la diadema en la frente. Que se a legren, porque sus hijos vuelven gozosos a la patria, a Jerusalén, después del destierro. Es Dios mismo quien prepara el camino para esta vuelta: rebaja lo que está elevado, rellena los barrancos, allana el suelo para que todos caminen con seguridad y hace que los árboles les den sombra refrescante en la canícula del desierto. Todo será fiesta y alegría, y triunfará la justicia.

SALMO:
“El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.”
Es una continuación del mensaje de gozosa esperanza de la primera lectura, pues el Señor está grande, y la alegría inunda el corazón del hombre, es el Señor quien hace posible el cambio, y la alegría y a alabanza reinaba en los corazones de los hombres.

FILIPENSES:
– San Pablo expresa su alegría y su orgullo por lo bien que van las cosas, y por el buen ejemplo que dan a las demás comunidades cristianas. Pero a la vez les invita a seguir adelante, a crecer y a llevar adelante hasta el día de Cristo Jesús lo que ya han comenzado. Sobre todo tienen que crecer en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores, tienen que saber ver, reconocer la venida constante del Señor.
– Pero ante todo San Pablo tiene claro, que quien hace que la obra empiece, y termine dando fruto es el Señor, sabe que es Dios el que nos sostiene y da vigor, y a Él es a quien confía a la comunidad cristiana, y a Él se encomienda él mismo. Es una gran enseñanza para poner nuestra confianza en el Señor y esperar siempre en Él.

LUCAS:
-San Juan BAutista se dedica a predicar el bautismo de conversión para perdón de los pecados, es una llamada que nosotros debemos recoger, buscar una verdadera conversión, y esto hay que hacerlo lo primero confiando en la acción De Dios, pues todo es obra de la gracia, y en segundo lugar preparando nuestra vida para que pueda actuar en ella el Señor, esto es disponer nuestro corazón, entendimiento, voluntad…., para que sea Dios quien vaya moldeándolo y transformándolo todo.
– El camino de la conversión, es ir construyendo caminos por los que pueda venir el Señor, y para ello lo primero es escuchar la voz que grita en el desierto, tener un corazón que escuche para que pueda calar la palabra De Dios en nuestra vida. Y esto nos llevará a preparar el camino del Señor, a allanar todo pico de soberbia, a elevar al Señor por encima de todo, y sobre todo a dejar que el Señor enderece todo lo que está torcido en nuestra vida, y de este modo nuestra vida sea siempre para ver al Señor.
– La alegría del Adviento se tiene que traducir también en una actitud dinámica y concreta de camino hacia delante. En las oración de la misa le pedimos al Señor: “cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo.” El Adviento es una espera dinámica, no pasiva, es el camino del que sale al encuentro, no del que sólo espera que otro venga. Tenemos que abrirnos a Dios, de modo que el Dios con nosotros se encuentre con nosotros y se pueda cumplir que todos podamos ver la salvación De Dios.

Hay que preparar el camino del Señor, hay que allanar sus senderos, que si aceptamos los caminos suyos, y si aceptamos como debemos esa situación en que el Señor nos tiene a veces de desolación interior, tenemos que trabajar por nuestra parte lo que podemos para cambiar esa situación, para que el Señor nos venga a consolar. No podemos quedarnos con los brazos cruzados, tenemos que trabajar lo que esté de nuestra parte para salir de ese estado de desolación, para que venga en consolación el Señor.
Desciendan los montes y colinas. Hay que atajar los montes y las colinas para lo mismo, para hacer planos los caminos del Señor. Hay que bajar nuestra soberbia, nuestro orgullo, nuestra vanidad. Debemos rebajar a los que somos con la humildad, con la sencillez interior, con el renacimiento de nuestra nada, es el camino por el cual se allana el camino del Señor.
Que lo torcido se enderece, lo torcido, las curvas que van dando los cominos en la vida, hay que suprimirlas, y hay que ponerlo todo recto para la venida del Señor. Lo torcido es nuestra sensibilidad herida, que nos hace entrar po caminos curvos, por vueltas que nos llevan lejos, que nos apartan del camino del Señor. Hay que vencerlas y enterarlas, y se enderezan por medio de nuestra mortificación interior, con nuestro silencio en el alma, ese silencio que hace que todo vaya recto, directo, sencillo hacia Dios.
Que lo escabroso se iguale, es preciso quitar las durezas de nuestro corazón, esas durezas del corazón que nos hacen ser ásperos interiormente, que no nos ponen en suavidad íntima que es por donde se comunica el Señor. Ásperos contra la situación en que el Señor nos pone, ásperos contra nosotros mismos, que parece que nos sentimos como atados sin poder ir adelante, y esa dureza de corazón hay que igualarla, allanarla, para quitar todo lo escabroso del corazón. Y de esa manera, con nuestro trabajo, con nuestro empeño, sin dejarnos llevar de nuestras desganas, de nuestros pesimismo, venciendo con humildad nuestra soberbia y vanidad, enderezándolo todo con el silencio íntimo en el alma, ablandando el corazón, deshaciendo nuestra rebeldía íntima, así habremos preparado el camino, así habremos allanado sus senderos, y así podrá llegar a nosotros la salvación De Dios.

María, padre que luchemos y trabajemos para preparar nuestra vida para que el Señor venga la transforme con su gracia, y la salvación De Dios reine en nuestros corazones. Amén.

Un pobre sacerdote +++

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO C