SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

ISAÍAS:

– Dios por medio del profeta nos da hoy un oráculo de consolación. Que conlleva también una respuesta por medio del hombre, que debe corresponder a la acción De Dios, dejando que llegue a nuestra vida. Por eso esas palabras tan del Adviento: “en el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calza por nuestro Dios; que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale.” Es una llamada a una profunda conversión del corazón, a dejar que el Señor ponga y quite lo que sea necesario para que pueda entrar en nuestra vida y hacer su obra en nosotros.

– El Señor viene con su poder y es en este poder en el que se puede descansar toda dificultad de vida. Viene con el salario del trabajo de nuestra vida. Y sobre todo viene como un pastor que apacienta el rebaño, que reúne y cuida a sus ovejas, y se interesa a cada instante por ellas.

– Este poema del consuelo, lo que hace es consolar al pueblo del destierro, ya que Dios está preparando ya la vuelta a la patria. Pero no todo lo tiene que hace el Señor, sino que estimula a que preparen el camino al Señor. Un camino por el desierto y por parajes medio salvajes requiere mucho trabajo de infraestructura, que los israelitas deberán entender, naturalmente, en su sentido espiritual de conversión sería a los caminos del Señor.

SALMO:

“Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.”

El salmo nos hace pedir a Dios que nos muestre su misericordia y nos dé su salvación. El salmista también se contagia de la alegría confianza del profeta, pues Dios trae La Paz al pueblo, y la salvación a todos su fieles. Pero lo más hermoso del salmo es que hoy también podemos pedir al Señor que derrame la lluvia que necesita nuestra alma para que nos traiga su salvación.

2 PEDRO:

– El Señor tiene paciencia con nosotros, porque Dios quiere que todos vivamos para Él, y nos lleva vivir en una profunda conversión, esto es a una llamada a corresponder con la acción de la gracia, para que el Señor así pueda salvarnos. Hay que vivir bien esa conversión confiados en el Señor.

– Hay que estar preparados porque el Señor llegará en un momento dado, pero no determinado, esto es que no sabemos ni el día ni la hora, y ante todo debemos estar preparados para que el Señor pueda hacer su obra y acojamos su acción y su salvación en nuestra vida.

– Lo principal es que, sea cuando sea esta venida del Señor, tenemos que estar preparados, viviendo siempre en La Paz del Señor, inmaculados e irreprochables; esto es vivir en la Gracia, y no dejarnos llevar por el pecado, por seducciones y por sus engaños.

MARCOS:

– Vemos en el comienzo del evangelio, como Dios mismos preparó los caminos al Mesías suscitando a Juan el Bautista para que predicara el Bautismo de conversión y anunciara la llegada del Salvador.

– Juan es una figura exigente, que no calló un mensaje de conversión que no debió de resultar popular en su tiempo y que tampoco lo es ahora. Pero fue fiel a la misión que se la había encomendado. No se dedicó a tranquilizar, sino a provocar y urgir a la conversión.

PREGÓN DE ESPERANZA:

Necesitamos que el Señor hoy también nos de palabras de ánimo y de esperanza a cada uno de nosotros, son palabras que nos ayudan a superar miedos y nos estimulan a cumplir nuestra misión en medio del mundo, que es mostrar que la salvación De Dios es para todos y todos pueden gozar de esta salvación.

El Señor quiere venir a nuestras vidas, vale la pena que nos dejemos convencer por sus palabras de esperanza y alegría. Esperamos que nos salve y que venga a lo concreto de nuestra vida con un camino de salvación que nos transforme por entero.

Además de vivir que tenemos un Dios que se acerca a nuestra vida para salvarnos, debemos vivir anunciando este pregón de esperanza a nuestros hermanos, para que puedan gozar otros de la salvación De Dios. Pero esto no lo podemos hacer confiados en nosotros mismos, sino en el Señor que nos salva y nos da fuerza para seguir adelante. Debemos vivir del Señor y en el Señor para que todos vean este Dios que nos salva y puedan saciar la sed De Dios que hay en su corazón.

El mundo de hoy necesita hombres que hagan oír la voz De Dios y su testimonio personal de lo que Dios es capaz de obrar, aunque parezca muchas veces que se predique en el desierto. El mundo necesita cristianos misioneros que en su propio ambiente, con humildad pero con decisión, den testimonio de la salvación De Dios.

PREPARAR UN CAMINO AL SEÑOR:

Hoy también hay exigencia en el mensaje del Señor en la primera lectura y en el evangelio, pues hay que preparar el camino del Señor. La espera del Señor no es una espera pasiva. Tenemos que preparar su venida.

Los valles de las lagunas y vacíos que hay en nuestra vida hay que rellenarlos, los montes de nuestra autosuficiencia o nuestro orgullo hay que rebajarlos, lo torcido de nuestras trampas y ambigüedades hay que enderezarlo, lo escabroso de nuestros pecados e idolatrías hay que alarmarlo.

LA venida del Señor a nuestra vida pide de nosotros una actitud de fe y atención: PROCURAD QUE DIOS OS ENCUENTRE EN PAZ CON ÉL, INTACHABLES E IRREPROCHABLES. Esto es para vivirlo en todos los momentos de nuestra vida, es la actitud de vida en Dios que debemos cuidar los cristianos, es vivir en su presencia día tras día.

¿CÓMO SE PREPARA EL CAMINO AL SEÑOR?

La imagen está tomada de aquellos tiempo en los cuales iba a venir un rey a una ciudad y se hacía una gran calzada; para ello era natural que los montes y las colinas se abajarse, que se levantasen los valles, es decir, para que todo se hiciera llano; que lo torcido se endereza y lo escabroso se igualase. Es la manera de hacer un caminito, un camino recto, un camino ancho un camino llano para que llegue el rey. De esa imagen está tomada la predicación de Juan el Bautista que refleja las palabras del profeta Isaías.

Los montes que debemos a bajar son nuestra soberbia, nuestros impulsos interiores de soberbia, de orgullo, de querer estar por encima de todo; es preciso abajarnos para que venga el Señor; es precisa la humildad para hacer, para preparar el caminito al Señor. Es preciso que se levanten los valles: nuestra pusilanimidad, nuestros desalientos, todo eso que nos abaja indebidamente, todo esto que hace que nuestro corazón no tiene positivamente a Dios porque se encierra en sí mismo. Hay que levantar todo esto para preparar los caminos del Señor, hay que cambiar y hacer que se enderece lo torcido y se iguale lo escabroso. Hay que establecer la sencillez interior que va contra todos esos rincones de nuestro corazón que no son rectos, en los cuales hay algo que no está bien para la venida del Señor.

María, enséñanos a hacer la voluntad del Señor y que dejemos lo que no nos conduce a Él y acojamos lo que a Él nos lleva. Amén.

Un pobre sacerdote +++

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO