SANTA TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ, PATRONA DE EUROPA

9 de agosto

Comentario a las lecturas

OSEAS:

· Hoy el Señor lleva a la novia, al pueblo al desierto, para hablarla al Corazón, la lleva aquí por distintas razones. Lo primero para que estén solos, en el desierto no hay más personas, y por lo tanto no hay distracciones. En segundo lugar para que pueda encontrar el amor que la tiene, que la cuida y da la vida por ella, aquí no hay nadie más y eso es necesario, es poner la vida en manos del otro.

· La lleva al desierto también para que pueda entrar en su corazón, y así recordar como se amaban y como es la obra de amor que hacía con ella cada día. Pero no sólo es para recordar tiempos mejores, sino para desposarse con ella, para mostrar su amor que es justicia, que es misericordia, que es ternura, que es fiel. Este es el corazón de Dios que se nos muestra y nos ama delicadamente, pero que nos deja libres para poder hacer su obra en nosotros y desposarse con nosotros.

SALMO:

“Escucha, hija, mira: inclina el oído.”

“¡Que llega el esposo, salid al encuentro de Cristo, el Señor!”

· El Señor está enamorado de su pueblo, y ante este amor debemos responder regalando lo mejor de nuestra vida a nuestro Dios, y Dios dará descendencia, es decir la esperanza de que no destruye a su pueblo, sino que lo reconstruye y le da vida.

MATEO:

La lámpara que tenemos, es la mejor.

· Cuántas veces uno se despista y vive en la oscuridad. Y a veces unos se quieren poner a la luz del otro, como estas jóvenes que buscaron poner en sus lámparas el aceite de las otras. Pero cada uno tiene su luz. En cada uno Dios ha dejado una luz particular, una luz que le hace ser él mismo. Por eso, en el Reino de los cielos cada uno tiene que ser él mismo.

·Unas luces son más fuerte, otras más débiles, otras cambian constantemente… Y así podemos encontrar un sinfín de luces como personas. Y cada uno tiene que cuidar y dar cuentas de esa luz que recibió. Porque esa lámpara que Dios nos ha dado la tenemos que poner en el candelabro. Y puede que a veces no me guste mi lámpara, no me guste mi luz o gaste mi aceite. Puede que a veces utilice mis cualidades para presumir o a veces quiera ocultar esa luz, esas virtudes o defectos. Incluso a veces no quiero mi lámpara.

· Pero esa lámpara puede ser fea, puede tener una luz muy tenue, puede que vea más la oscuridad que la luz. Pero es la luz que no me ha regalado Dios; es la luz que me acompañará a lo largo de mi vida. Por lo tanto tengo que aceptarla. Y tengo que cuidarla. Y me puede pasar que piense que no me va bien esta lámpara. Quisiera otra más o menos luminosa. Y siempre estoy queriendo la vela o el aceite de los otros. Pero, en realidad, la lámpara que tengo es la mejor, ¡porque es mi lámpara! Es un regalo de Dios. Lo importante es ver mi vida y mi historia desde los ojos de Dios y no desde una mirada humana. He de elevar la mirada; contemplar la maravillosa obra de Dios en mi vida y darle las gracias.

«La lámpara, cuando comienza a debilitarse, tenemos que recargar la batería. ¿Cuál es el aceite del cristiano? ¿Cuál es la batería del cristiano para producir la luz? Sencillamente la oración. Tú puedes hacer muchas cosas, muchas obras, incluso obras de misericordia, puedes hacer muchas cosas grandes por la Iglesia —una universidad católica, un colegio, un hospital…—, e incluso te harán un monumento de bienhechor de la Iglesia, pero si no rezas todo esto no aportará luz. Cuántas obras se convierten en algo oscuro, por falta de luz, por falta de oración de corazón». (Papa Francisco)

María, Madre llévanos siempre a tener la luz de Dios en nuestra vida, y a vivir siempre en vela para no separarnos de Jesús. Amén.

Un pobre sacerdote +++

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