SÁBADO XXXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

1 MACABEOS:
– Al contemplar la muerte de Antíoco, vemos como hace una confesiones que nos sirven de lección y escarmiento a todos aquellos que quieren tener el protagonismo, que se rebelan contra la voluntad De Dios. Muestra el daño que ha hecho a Jerusalén como ha sido un ladrón, como por no vivir según la ley y según Dios le ha llevado eso a a la ruina.
– Está claro que lo peor que puedo vivir este personajes, fue su arrogancia con la que se portó con Dios y con todos los hombres. De este modo el que era poderoso, es derrotado, y Dios ensalza a los humildes. Es la historia constante del pueblo de Israel, e incluso de la historia de la humanidad.
– Hoy recibimos una invitación a trabajar con perseverancia, con una fidelidad hecha de detalles pequeños pero llenos de amor. Sin buscar glorias de este mundo, ni dejarnos llevar por nuestro caprichos. El que ha sido fiel en lo poco será premiado con mucho.

SALMO:
“Gozaré con tu salvación, Señor.”
De verdad hoy podemos gozarnos y alegrarnos en el Señor, porque siempre sale fiador por nosotros, porque siempre nos busca y nos ama, porque siempre hace posible su voluntad, nos saca del poder del enemigo y nos lleva a vivir en su Amor.

LUCAS:
– Lo saduceos le empiezan a hacer una pregunta, no tanto sobre el matrimonio, pues lo que quieren es coger a Jesús en un renuncio, y JEsús es quién les coge a ellos, porque el verdadero tema es la resurrección de los muertos. He aquí la raíz, muestra la pertenencia a este mundo del matrimonio, y expone la resurrección de los muertos y la vida permanente en Dios.
– La pregunta va sobre la ley del levirato, por la que si una mujer queda viuda sin descendencia, el hermano del esposo difunto se tiene que casar con ella para darle hijos y perpetuar así el apellido de su hermano. Pero la respuesta de Jesús es un prodigio de habilidad en sortear las trampas saduceas. Como decíamos antes lo primero que afirma es la resurrección de los muertos, su destino de vida, cosa que negaban los saduceos, Dios nos tiene destinaos a la vida, no a la muerte. Y además la vida futura será muy distinta de la actual, es la vida nueva en la que no hará falta casarse.
– Jesús hoy nos enseña también y nos asegura que la muerte no tiene la última palabra, que Dios nos quiere comunicar su misma vida, para siempre, que estamos destinados a ser hijos De Dios y a participar en la resurrección.

María, Madre llévanos siempre a vivir en Jesús. Amén.

Un pobre sacerdote +++

SÁBADO XXXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO