SÁBADO XXVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

EFESIOS:

  • San Pablo hace un preciosa oración de intercesión por su pueblos, sin cesar lo primero de dar gracias a Dios por los que le ha dado, y no entrando en si son buenos o malos, sino ante todo agradeciendo. Y luego le pide al Padre que por la intercesión de Jesucristo, vaya el Espíritu adornando la vida de la comunidad, para gloria De Dios.
  • Si tuviéramos una visión de Cristo y De la Iglesia como la que tenía San Pablo, no necesitaríamos muchas más motivaciones para intentar vivir como verdaderos cristianos y ser testigos del Señor en el mundo. Lo primero cayendo en la cuenta que aunque conozcamos al Señor, siempre podemos profundizar más, y conocerle más y más, hasta que llegue a ser motor de nuestro amor y fuente de esperanza que ilumine nuestra vida, hasta el punto de poderla comunicar a los que entren en contacto con nosotros. Sólo si lo conocemos cada día más, más podremos amarle, y más nos impulsará a vivir en Él y como Él.

SALMO:

"Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos."

El salmo nos muestra la grandeza del hombre, pero sobre todo la grandeza de Cristo que en apariencia podría ser inferior a los ángeles, pero ha sido coronado de gloria y dignidad, y tiene el mando sobre las obras de las manos del Padre.

LUCAS:
– Lo primero que afirma el Señor, es que nos respeta muy profundamente, pues si le afirmamos o le negamos, Él nos va a dejar en dicha elección y no nos va a forzar, sino que según sea nuestra elección en nuestras obras, así nos elegirá el Señor para vivir en su Amor, o para no vivir en Él, si nosotros no queremos. Esto es duro, pero sobre todo para Dios, que no puede dejar de amarnos, y que si yo no quiero su Amor, Él no nos obliga a vivirlo. Respondamos a su amor con todo nuestro ser, con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro pobre amor.
– Luego habla del Espíritu Santo de dos modos. Lo primero de la blasfemia contra el Espíritu Santo. Esto es el rechazo total De Dios, del que no se puede salir si uno no quiere, y ante lo cual no se puede hacer nada, pues no se puede obligar a nadie, Dios respeta totalmente la libertad del hombre, aunque como decíamos antes le duela en su Amantísimo Corazón. Y en segundo lugar habla del Espíritu Santo como aquel que nos enseñará lo que debemos decir, y lo que debemos hacer, si uno deja al Espíritu Santo obrar en su vida, podrá hacer las obras del Señor y aún mayores. Así que creo que nos conviene abrir toda nuestra vida al Espíritu Santo, para que haga su obra de Amar hasta el extremo, de Amar como Jesús en nuestro día a día.

María, Madre, enséñanos a acoger al Espíritu Santo en nuestra vida. amén.

Un pobre sacerdote +++

SÁBADO XXVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO