SÁBADO XXVII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

GÁLATAS:

– La gran tentación que le pesa a la comunidad, y en la que no quieren que caigan San Pablo, es en volver a la forma de vida del Antiguo Testamento, a vivir de la ley, pero no de la fe, que llevada de la caridad, conduce a la esperanza.

– El ayo, o también el pedagogo, en la familias romanas, era el esclavo que llevaba a los niños a la escuela y se encargaba de su disciplina. era un personaje en principio no muy simpático, y sobre todo, provisional. Al crecer ya no hacía falta. San Pablo lo aplica al Antiguo Testamento, durante la niñez nos pudo valer el ayo, pero cuando ha llegado Cristo ya somos hijos en la familia De Dios, y sería una insensatez querer volver al dominado del ayo, que sería la ley de Moisés con sus prácticas meticulosas, pero vacías de fe y de amor.

– Cada uno tendremos que mirar si vivimos como hijos en la casa De Dios, o como prisioneros que sólo tienen que cumplir unas normas. Es muy diferente cumplir que amar. Busquemos amar y no cumplir, que cada mandamiento que vivamos sea un acto de amor a Dios que los ha puesto para guardar y cuidar mi vida.

SALMO:

“El Señor se acuerda de su alianza eternamente”

Un cántico de alabanza al Señor que hace grandes todas las cosas, y al que se puede recurrir pues siempre está con nosotros, siempre es fiel, y sus maravillas no tienen medida.

LUCAS:

– “Mejor, bienaventurados los que escuchas la palabra De Dios y la cumplen”. Que palabras tan precisas para definir a María, Jesús la conoce bien, y la pone ejemplo de lo que verdaderamente importa, y de lo que debemos imitar a diario en ella. Debemos vivir como María, escuchando la Palabra De Dios, pero no sólo escucharla, sino guardarla en el corazón y ponerla en obra, viviendo cada instante en la voluntad De Dios, buscando lo que más le agrada en nuestra vida.

– De este modo Jesús nos pone a María, como el modelo de todos los creyentes, ya que ella tomó como forma de vida esta frase de Jesús, cuando ella dijo su “hágase en mí según tu Palabra”. Su forma de vida no ha sido otra que lo que la Palabra De Dios la ha ido diciendo y que ella humildemente ha guardado en su corazón para hacerla vida.

– La verdadera sabiduría la tendremos si, como María, la primera discípula de Jesus, sabemos escuchar a Dios con fe y obediencia. Por eso tenemos que dedicar a escuchar interna y externamente la Palabra De Dios, para poder cumplirla en nuestros quehaceres diarios. De este modo edificaremos nuestra vida sobre la Roca firme, que es la Palabra De Dios, que es Cristo, y nuestra vida no se tambaleará.

María, Madre enséñanos a decir una fuerte, claro, valiente y convencido “hágase en mí según tu Palabra.” Amén.

Un pobre sacerdote +++

SÁBADO XXVII SEMANA DEL TIEMPO ORTDINARIO

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