SÁBADO XXV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

ZACARÍAS:
– el profeta Zacarías nos presenta un gesto simbólico: una persona que quiere tomar, con una cuerda las medidas de Jerusalén. Pero un ángel le dice que no, que no hace falta medir nada, porque Jerusalén va ser ciudad abierta, llena de riqueza y que Yahvé será su única muralla y defensa. Es la vuelta a la relación buena entre Dios y su pueblo, es recuperar la Alianza que el hombre había perdido por su pecado, porque Dios ama entrañablemente a su pueblo, y no puede olvidarse de él.
– Este deseo de salvación De Dios llega hoy a todos los hombres. Esta página de Zacarías nos invita a la esperanza, pero a la vez nos recuerda que la Iglesia no puede ser medida con cuerdas y cerrada un particularísimos e individualismo, sino que ha de ser abierta, universal, orgullosa de poder acoger a todos, pues la riqueza propia De la Iglesia es Dios mismo y este es para todos. Esta Iglesia abierta con un corazón acogedor debe empezar por cada uno de nosotros en particular.

SALMO:
“El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.”
El Salmo comienza con una invitación a escuchar el corazón De Dios, que lo que quiero es reunir a su pueblo, cuidarlo y guardarlo. Escuchamos lo que hay en el corazón para pedirlo y para cuidar vivir esta unidad.
Debemos tener claro que quien redime a Israel es el Señor y el nos rescata siempre, y por eso nos alegramos porque Dios siempre convierte nuestros corazones y nos lleva de la tristeza del pecado a la alegría de su salvación.

LUCAS:
– Jesús quiere que aprendamos bien que el tiene que ser entregado en manos de los gentiles, para que pueda hacer su obra de salvación entregándose hasta la muerte, dando todo por nosotros. Pero nosotros igual que los apóstoles somos duros de cabeza y no le entendemos. El no entendimiento no es porque no entendamos en nuestra razón que Jesús tenía que ser crucificado, sino que no lo entendemos porque no queremos o rechazamos la cruz en nuestra vida, y en lugar de vivir la Cruz como un lugar de salvación con Cristo, lo vivimos como un lugar de tortura al vivirla sin Él.
– Además a los discípulos les da miedo preguntarle sobre el tema, a nosotros también, porque no es algo que estemos dispuestos a vivir, pues nos repugna más que nos atrae. Es nuestra humanidad que se rebela, es nuestra debilidad de pobreza, por eso debemos pedir al Señor la gracia de querer la cruz, de elegirla como signo de amor, y que en ella está la vida y el consuelo, y es el camino para nuestro encuentro eterno de Amor, con nuestro Dios y nuestra Vida.
– Pidamos ser ser colaboradores suyos en la salvación del mundo, y exijámonos con el Señor a caminar su mismo camino, que pasa a través De la Cruz y de la entrega.

María, que amemos la Cruz de tu Hijo, que amemos a tu Hijo Crucificado, y que no tengamos miedo ni debilidad, y vayamos a crucificarnos con Él. Amén.

Un pobre sacerdote +++

SÁBADO XXV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO