SÁBADO XXIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

EFESIOS:
– Hemos recibido de Dios la gracia, para poder secundar y vivir según la voluntad de Dios. Así descubrimos lo bueno que es Dios, que no sólo nos marca un camino para nuestra felicidad y para el cielo, sino que nos reviste con la Gracia, con su fuerza para poder vivir en su voluntad. Nos ha dado está gracias para poder llevar el ministerios que nos ha encomendado y sobretodo para EDIFICAR LA IGLESIA CUERPO DE CRISTO.
– Siempre destaca en el deseo del corazón de Cristo y en la gracia que nos da, el gran deseo del Padre de la unidad, y de saber construir una comunidad en la que reine el Amor. Deberíamos mirar los deseos del corazón del Padre, y de este modo hacer todo lo que esté de nuestra parte para construir esta Iglesia en unidad y en Amor que Él quiere.
-Esta unidad se crea en la diversidad, en la Iglesia Cristo es la Cabeza, y el ha querido que exista la riqueza de los ministerios y de los carísimas; todo esto pensado y querido por Dios para edificar y hacer crecer la Iglesia.

SALMO:
“Vamos alegres a la casa del Señor”
Dos metas muy difíciles para nosotros en el salmo de hoy:
· Vivir en alegría: el papa Francisco no deja de invitarnos a vivir en ella, pero si no tenemos una unión radical y muy íntima a Cristo, no seremos capaces de llevarla a cabo.
· Caminar siempre hacia el Señor, no hacia nosotros mismo, no hacia nuestro propios gustos y deseos, sino dejando nuestra voluntad y deseos en manos del Padre que nos llama.

LUCAS:
+ Invitación de Jesús a la conversión, no mirar el pecado ajeno sino el propio y luchar cada día por vivir en Dios y no en nuestras apetencias y pecados. Además viendo lo débiles que somos y frágiles lo que debemos hacer es convertirnos, para que así la muerte, nos encuentre preparados y en Dios.
+ Tengamos siempre las cosas en regla, bien orientada nuestra vida, para que no nos sorprenda la muerte, que vendrá como un ladrón, con la casa en desorden, sino que nos preparamos para morir en Cristo, viviendo en Cristo.
+ La parábola que hoy nos cuenta Jesús nos muestra que siempre hay una nueva oportunidad por parte de Dios, pero que estas oportunidades no se puedes desaprovechar. Jesús siempre intercede por nosotros ante su Padre, por lo que nosotros debemos poner nuestra parte y no defraudarle. Para ello lo que debemos es permanecer vigilantes buscando lo que Dios quiere, y poniéndolo por obra.
+ Debemos ser existentes con nosotros mismos, y acogedores y misericordiosos con los demás, como dice el lema del año de la Misericordia “Ser misericordiosos como el Padre”.

María, Madre buena, enséñanos a vivir siempre en Dios, a buscar siempre lo que Dios quiere, a amar lo que Dios ama, para ser con Él un sólo corazón y una sola alma. Amén.

Un pobre sacerdote +++

SABADO XXIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO