SÁBADO XXIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

1 CORINTIOS:

– San Pablo para explicar la resurrección de entre los muertos pone el ejemplo de la semilla que se siembra en la tierra luego se convertirá en una espiga de trigo o una planta, distintas, evidentemente, de lo que era la semilla, pero que brotan de una misma realidad. Así el cuerpo humano, se siembra corruptible cuando muere y es enterrado, pero resucita incorruptible.

– Dios nos tiene destinados a la vida, como al mismo Cristo. En nuestra resurrección seremos los mismos, pero transformados. Como jesús, que en su Pascua no volvió a la existencia de antes, sino a una nueva y definitiva vida, en la que está. Como El Niño que nace pasa del ambiente del seno materno a una vida fuera de este seno; así nosotros, al morir, al atravesar como Cristo la puerta de la Pascua, pasaremos a una existencia nueva, transformada, definitiva, para la que estamos destinados.

SALMO:

“Caminaré en presencia De Dios a La Luz de la vida.”

Es una continuación perfecta de la primera lectura, y nos ayuda a entender mejor la imagen de la semilla, del primer Adán y del segundo. Libraste mi alma de la muerte, mis pies, de la caída, para que camine en presencia De Dios a La Luz de la vida.

LUCAS:
– Lo que parece empezar como una llamada de atención sobre la fuerza que tiene la Palabra De Dios, se convierte en un repaso de las diversas reacciones que se pueden dar en las personas respecto a la palabra que oyen y acogen. Las situaciones son las de la semilla que cae en el camino o en terreno pedregoso o entre zarzas o en tierra buena, con suerte distintas en cada caso.
– Las parabolas de Jesús pueden ser entendidas o no, según el ánimo de los oyentes. Estas parábolas tienen siempre la suficiente claridad para el que quiera las entienda, se dé por aludido y actúe en consecuencia. Cada uno debe estar dispuesto o no a dejarse interpelar por la Palabra de Jesús y que esta cambie su vida.
– La Palabra De Dios es poderes, tiene fuerza interior. Pero su fruto depende también de nosotros, porque Dios respeta nuestra libertad, no actúa violentando voluntad. ¿Dónde estoy yo? ¿Qué terreno soy? Por ejemplo, en la Eucaristía, cuando se proclama la Palabra, ¿cómo cala en mí?
– Debemos acoger la Palabra con un corazón noble y generoso y perseverar en su meditación y en su obediencia, para acoger la Palabra De Dios en nuestro corazón y ponerla en Práctica.

María, tú que guardabas la Palabra De Dios en tu corazón, enséñanos a nosotros a escucharla, guardarla y vivirla. Amén.

Un pobre sacerdote +++

SÁBADO XXIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO