SÁBADO XXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

1 CORINTIOS:

-Hermanos queridos, huid de la idolatría. Os hablo como a prudentes.

San Pablo es categórico: hay que abstenerse de cualquier compromiso con los "ídolos".

La idolatría, ha tomado HOY nuevas formas. ¿Cuáles?…

Señor, líbranos de nuestros ídolos. Señor, líbranos de nuestros falsos dioses.

En el fondo, apoyarse en un ídolo es hacerse vanas ilusiones: se nos quebrará en las manos. Relativizar las cosas relativas es, por el contrario, de "hombres prudentes". Sólo Dios es Dios.

-La copa que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?

Pablo opone los banquetes paganos a las cenas eucarísticas. Está claro que los primeros cristianos tenían la sensación de que Cristo estaba entre ellos: certidumbre de una "presencia". Por el pan y el vino que compartimos, ¡tú estás aquí, Señor, entre nosotros! Y comulgamos con tu Presencia.

El primer efecto de la misa es unirnos a Dios.

Por desgracia nos sucede a menudo que participamos en la misa de manera automática sin que nos percatemos verdaderamente de que Tú estás ahí.

-Porque, aun siendo muchos, somos un solo pan y un solo cuerpo.

El segundo efecto de la eucaristía es el de unirnos los unos a los otros.

"Siendo muchos, constituimos uno solo".

Es la gran ley del universo, porque es la gran realidad de Dios… ¡Tres que son uno!

Alegría de la pareja, alegría de las familias unidas, alegría de los lugares de trabajo donde hay un buen ambiente.

Esto debería ser progresivamente el proyecto, la esperanza y el esfuerzo de todo grupo humano, y de toda la humanidad.

Para lograrlo, en el núcleo de la humanidad, hay un «sacramento», un signo eficaz, actuante: la eucaristía. La eucaristía construye el cuerpo de Cristo. La eucaristía hace que todos seamos un solo cuerpo.

«Siendo muchos constituimos uno solo».

Un ideal preciso, concreto, capaz de suscitar acciones inmediatas. Un ideal que puede ser intentado siempre y en todas partes. Una inmensa fuente de alegría.

¿Con quién voy a intentar realizarlo HOY? Cuidado con las ilusiones y los sueños simplistas.

No es fácil realizar la unión: no se trata de oprimir o de imponerse el uno al otro.

¡Construir la unidad suprimiendo al otro es fácil! La verdadera unidad implica el respeto a las diferencias. La unión no suprime el pluralismo ni las diversidades: tiende, sin embargo a la reducción de las oposiciones estériles y sectarias.

-Pues todos participamos de un solo pan.

El rito del pan «partido» y repartido es todo un símbolo: comulgamos del mismo pan para expresar que recibimos al mismo Cristo. No hay un Cristo para unos y otro para los demás.

¿No hago, en verdad, más que uno con tal y cual?

¿Qué puedo hacer, HOY, para construir el Cuerpo de Cristo?

SALMO:
"Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza."

LUCAS:
– Lo primero del Evangelio del día de hoy, es que por los frutos los conoceréis, esto es que, que nuestra vida no puede no dar frutos. Pero estos frutos no sólo son de piedad o devoción, o sólo de caridad; sino que son frutos de un árbol que ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo con todo el Corazón. Esto son los frutos que a Dios le agradan, y que todos los cristianos debemos cuidar dar. Pero no sólo son para un momento del año, sino frutos que debemos dar constantemente.
– De este modo mostraremos que nuestra vida está edificada sobre Roca firme, y de este modo su casa no su derrumba. En la nueva traducción de leccionario de la misa ya no pone sobre roca firme, sino edificar con cimiento o sin cimiento; es muy claro para nuestro entender que sin cimiento la casa se cae. De este modo la casa de nuestra vida, si no está edificada sobre la Roca firme que es Cristo, no puede dar buenos frutos, y sobre todo no puede llegar a dar frutos de Amor en todos los momentos, de ese modo delicado que sólo Dios puede dar.

MAría madre edifícanos sobre tu Hijo Jesucristo. Amén.

Un pobre sacerdote +++

SÁBADO XXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO