SÁBADO XXII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

COLOSENSES:
– Que gran verdad que debemos recordar siempre es que el Señor nos ha reconciliado consigo por medio de su entrega generosa y muerte en la Cruz por nuestro pecados. El ha puesto en paz al hombre con Dios, y esto le ha costado hasta la última gota de la sangre del Hijo, y por eso nosotros debemos acoger este amor y esta reconciliación, y vivir correspondiendo a este amor que nos desborda.
– La correspondencia a la entrega generosa del Señor, debe ser permanecer cimentados y estables en la fe, esto es vivir en clave de fe toda nuestra vida, es permanecer en su Amor y que todo lo sostenga este Amor que no tiene límites. Y viviendo de la esperanza del Evangelio, no tenemos otros criterios de vida, sino aquellos que nos ha regalado Dios y que debemos vivir cada día.
– Día tras día estamos empeñados en el compromiso de permanecer firmes en la fe y en la esperanza, de actuar en la vida en coherencia con nuestra fe, de llevar a la práctica este Evangelio, esa Buena Noticia que nos ha raído Jesús y que la Iglesia predica en todo el mundo.

SALMO:
«Dios es mi auxilio»
En el Salmo hacemos una petición sincera a Dios, pues nos sabemos pecadores, pobres y pequeños, y necesitamos de Él, y hacemos esta petición, ni siquiera concretando nada, sino gritando a Dios que le necesitamos.
De este modo con el salmo ponemos nuestra confianza en Dios, que es quien nos da la fuerza para seguir adelante en la búsqueda de vivir por y para Dios.

LUCAS:
– Jesús preciaba el sábado y como buen judío, lo vivía dentro de su espiritualidad. Bien vivido el sábado era un día de especial presencia para los judíos. Pero lo que aquí critica Jesús es una interpretación exagerada del descanso sabático. De este modo Jesús habla realmente con autoridad y poder, se atreve a reinterpretar una da las instituciones más sagradas de su pueblo.
– Podríamos decir que Jesús nos enseña a distinguir entre lo que es importante y lo que no lo es. Guardar el sábado como día de culto a Dios, de descanso en su honor, de paz y vida de familia, de liberación interior, si era importante. Pero no trabajar, no poder tomar y comer unos granos al pasar por el campo, era interpretar exageradamente.
– A nosotros nos pasa lo mismo, cuántas veces perdemos la serenidad y el humor por tonterías, aferrándonos a costumbres sin importancia. A nosotros nos podría pasar con el domingo, y el domingo es un día que tiene que ser todo él, un día de alegría por la victoria de Cristo y por nuestra propia liberación. Vivíamos por eso cargando de Amor y de presencia del Señor cada día, y demos prioridad al Señor y sus mandamientos en nuestra vida, pero siempre cargándolos de su Amor misericordioso.

María, Madre que vivamos siempre y en todo a tu Hijo Jesucristo. Amén.

Un pobre sacerdote +++

SÁBADO XXII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

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