SÁBADO XVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

HABACUC:

· El profeta resume la respuesta de Dios, que invita a la paciencia y a la confianza, porque la historia seguirá su curso. Habacuc se atreve a interpelar a Dios y pedirle cuentas de por qué permite el mal en el mundo. LA misma pregunta nos viene a la mente con frecuencia, también ahora, ¿por qué Dios permite el mal, por qué consiente que los malvados se salgan con la suya y prosperen en sus planes?

· La queja se convierte en oración en Habacuc, “despierta Señor, no te estés callado, mira que tus enemigos se agitan y los que te odian levantan cabeza”. Lo que sí nos recuerda el profeta que Dios se preocupa por los pobres y que, de un modo misterioso, sigue estando cerca de los atribulados. También nos enseña a tener una visión más global de la historia, Dios tiene un plan y su plan es más grande que el momento que estamos viviendo nosotros. No sabemos cómo, pero la cizaña algún día será separada del trigo, y los peces malos no tendrán la misma suerte que los buenos. Dios le enseña a su profeta y a nosotros, a respetar los tiempos, a seguir luchando contra el mal, pero sin perder el ánimo ni querer quemar etapas

SALMO:

“No abandonas a los que te buscan, Señor.”

Simplemente con repetir esta antífona nos ayuda a mirar de un modo distinto al Señor, pues el Señor nos escucha, no nos abandona, sino que nos mira y nos ama, es nuestro refugio, en Él se puede confiar, y especial se fija en los pobres y en los humildes.

MATEO:

– Jesús se encuentra con sus discípulos que no han podido curar a un epiléptico, no han podido expulsar el demonio que lo tenía apresado. Jesús les atribuye el fracaso a su poca fa. No han sabido confiar en Dios. Si tuvieran verdadera fe, nada les sería imposible. Después, increpó al demonio y salió, y en aquel momento se curó El Niño.

– Cuantas veces nosotros también fallamos al Señor por falta de fe, pues tendemos a poner la confianza en nuestras fuerzas, en los medios, en las instituciones. No planificamos con su ayuda, y no invocamos la acción del Espíritu Santo, para que haga su obra en nosotros, y sin el Señor no podemos hacer nada. Apoyados en Él, con su ayuda, con un poco de fe, fe auténtica, curaríamos a más de un epiléptico de sus males, y muchos demonios saldrían. Si confiáramos en las obras que el Señor es capaz de hacer por nosotros y en nosotros, veríamos su gloria, y las obras magnificas que es capaz de hacer en y por nosotros.

María, Madre que amemos como tu a Jesús. Amén.

Un pobre sacerdote +++

SÁBADO XVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

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