SÁBADO XVI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

ÉXODO:

· Aparece la ceremonia con la que se ratifica la Alianza con Dios, es sellar un pacto con sangre, que es símbolo de la vida, y la vida es algo sagrado, que viene De Dios.

La ceremonia es muy expresiva, se levanta una piedra grande a modo de altar, que representa a Dios, y doce más pequeñas, una por cada tribu de Israel. Se sacrifican uno animales y la sangre se guarda en recipientes. Moisés proclama el texto de la Alianza que el pueblo va a hacer con Dios, y todo contestan, haremos todo lo que dice el Señor. Y con la mitad de la sangre, asperja el altar, y con la otra mitad , la doce piedras: la misma sangre une a Dios ya al pueblo de tal manera, que quedan obligados a cumplir la Alianza, bajo pena de que el que falte a ella pueda sufrir el mismo destino que los animales sacrificados.

· Ahora la Alianza viene por l sangre De la Cruz. El vino de la Eucaristía, que es su sangra salvadora, con la que ha sellado la Alianza y de la que participamos cada vez que celebramos la Eucaristía.

SALMO:

“Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza».

Cada uno de nosotros como en esta antífona debemos ofrecer la propia vida al Señor, pero no sólo un momentos, sino viviendo el mismo estilo de vida de Cristo, esto es la Nueva Alianza sellada con la sangre de Cristo.

MATEO:

· Hoy el Señor nos enseña que el camino va por la paciencia. Dios ya sabe que existe el mal, pero tiene paciencia y no quiere intervenir cada vez, sino que deja tiempo para que las personas cambien. Por lo tanto no hay que extrañarse de que existan fuerzas opuestas al Reino de Jesús. Hay que tener paciencia y ser un poco más tolerantes, no ser demasiado precipitados en nuestros juicios ni dejarnos llevar de excesivo celo. Dios siempre tiene paciencia porque deja la posibilidad de la conversión, de la rehabilitación.

· No es que Jesús nos invite a no luchar contra el mal, o que no nos advierta que hemos de saber discernir lo que es trigo y lo que es cizaña, lo que son ovejas y lo que son lobos. Sino que nos avisa que no seamos impacientes, que no condenemos ni tomemos la justicia por nuestra mano. Esto lo dejamos a Dios para cuando llegue la siega. No podemos vivir ni con condena ni con queja constante.

· Junto con el grano bueno de la gracia, crece la cizaña del pecado. Sin embargo, el Señor no permite arrancar la cizaña hasta el final de los tiempos, pues teme que el ceno inoportuno o la negligencia del segador corten la esperanza del joven brote y desperdicien el fruto de la espiga madura. Del Señor es el tiempo y la eternidad, y cuando se trata de la salvación, prefiere el paso acompasado de la misericordia al ímpeto de la cólera. No seamos impacientes.

María, Madre llévanos a vivir en tu Hijo Jesús, y a vivir de su paciencia, y así tratar a los demás como Él quiere, y no como nosotros pensamos. Amén.

Un pobre sacerdote +++

SÁBADO XVI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO