SÁBADO XVI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

JEREMÍAS:

· El profeta denuncia las falsas seguridades del pueblo y señalando su pecado. La falsa seguridad se basaba en un aprecio mal entendido del Templo. El profeta les grita que no deben considerarse a salvo porque visitan el Templo. Claro que es importante apreciar el Templo, pero más importante es vivir en su existencia de cada día lo que les pide la Alianza: juzgar rectamente a los demás, no explicar a los débiles, no derramar sangre inocente, no robar, no cometer adulterio, no adorar a dioses falsos, no quemar incienso a Baal.

· Hoy el Señor nos interroga, pues nos viene a decir que no por ser cristianos tenemos garantía de salvación, ni el sólo rezar e ir a misa, hay que cumplir la voluntad de Dios. El profeta Jeremías, nos cuestiona sobre nuestra caridad, nuestra justicia, nuestro tato con el prójimo y sobre nuestra fe hecha vida en el Señor. Por eso nos invita a convertirnos de nuestra mala conducta, y a enmendarnos

SALMO:

“¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo!”

El corazón anhela por encima de todo a Dios, vivir en su casa, pero sobre todo que Él viva en nosotros, para que de este modo se pueda hacer vida su obra en nuestra vida.

MATEO:

· Hoy el Señor nos enseña que el camino va por la paciencia. Dios ya sabe que existe el mal, pero tiene paciencia y no quiere intervenir cada vez, sino que deja tiempo para que las personas cambien. Por lo tanto no hay que extrañarse de que existan fuerzas opuestas al Reino de Jesús. Hay que tener paciencia y ser un poco más tolerantes, no ser demasiado precipitados en nuestros juicios ni dejarnos llevar de excesivo celo. Dios siempre tiene paciencia porque deja la posibilidad de la conversión, de la rehabilitación.

· No es que Jesús nos invite a no luchar contra el mal, o que no nos advierta que hemos de saber discernir lo que es trigo y lo que es cizaña, lo que son ovejas y lo que son lobos. Sino que nos avisa que no seamos impacientes, que no condenemos ni tomemos la justicia por nuestra mano. Esto lo dejamos a Dios para cuando llegue la siega. No podemos vivir ni con condena ni con queja constante.

· Junto con el grano bueno de la gracia, crece la cizaña del pecado. Sin embargo, el Señor no permite arrancar la cizaña hasta el final de los tiempos, pues teme que el ceno inoportuno o la negligencia del segador corten la esperanza del joven brote y desperdicien el fruto de la espiga madura. Del Señor es el tiempo y la eternidad, y cuando se trata de la salvación, prefiere el paso acompasado de la misericordia al ímpeto de la cólera. No seamos impacientes.

María, Madre llévanos a vivir en tu Hijo Jesús, y a vivir de su paciencia, y así tratar a los demás como Él quiere, y no como nosotros pensamos. Amén.

Un pobre sacerdote +++

SÁBADO XVI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO