SÁBADO II DE ADVIENTO

ECLESIÁSTICO:

– Aparece el profeta Elías, que es fuego de Dios para iluminar y calentar los corazones, para volverse a Dios. Es una llamada a no relajarnos en este Adviento, sino volver al Señor con nuevas fuerzas, y luchar por vivir con un corazón encendido en el Amor que no se apaga, que es el de Dios.

– Que frase final de la lectura: «dichosos los que te vieron y durmieron en el amor». Este tendría que ser el anhelo de nuestra vida, mirar no a Elías sino al Señor, buscar su mirada, y vivir con los ojos fijos en el Señor, para morir con los ojos puestos en Él, y toda la vida rendida a sus pies, en un servicio diario concreto a los hermanos.

SALMO:

«Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve».

Que gran petición que clama con toda la fuerza a Dios, la de pedir a nuestro Dios que es pastor de misericordia, que venga a salvarnos, que despierte su poder y nos salve. Que osadía de petición el pedir a Dios que se vuelva y nos mire, y nos visite para salvarnos, para arrancarnos de la muerte del pecado que nos humilla ahora, y nos lleve a vivir en su Vida, en su Nombre, en su Amor.

MATEO:

+ El Señor nos anuncia en este Adviento, cuál es el camino que salva al mundo, es el del Pesebre, es el de la Cruz, el de dar la vida por Amor hasta el extremo. Este es el camino que salva al mundo, y en el cual debemos entrar cada uno de nosotros para asociarnos a su misión, pues Jesús nos pide que estemos con Él no sólo en lo bueno, bonito y fácil, sino en el Amor que se prueba en el crisol de la Cruz.

+ Acoger al Señor tal y como se presenta y como es, es crucial en nuestra vida, porque así acogeremos los planes que Dios tiene para nosotros, y dejaremos de vivir en los nuestros, que suelen ser más según este mundo, o según fantasías irrealizables.

SÁBADO II DE ADVIENTO