SÁBADO I TIEMPO ORDINARIO

HEBREOS:

– Vemos hoy la fuerza de la Palabra De Dios, que sigue viva, penetrante, tajante y nos conoce hasta el fondo. Dios nos conoce por dentro, por eso debemos acogerle con todo el corazón, en especial en su Palabra para que nos de viva y nos lleve a buscar la Vida verdadera. La Palabra debe ser nuestro criterio de vida, donde confrontemos nuestra forma de pensar, de hacer…, para dejar de obrar según nosotros mismos y obrar según Dios. Vivir según La Luz de la Palabra, es dejarnos iluminar por dentro, es mirarnos día a día en su espejo.

– También aparece en la lectura la Presencia de Jesús como nuestro Mediador y nuestro Sacerdote. De este modo podemos sentirnos débiles y estar rodeados de tentaciones, en medio de un mundo que no nos ayuda precisamente a vivir en cristiano. Pero tenemos un Sacerdote que conoce todo esto, que sabe lo frágiles que somos, pues comparte nuestra propia existencia. De este modo es un Sacerdote capaz de compadecerse de nuestra debilidades, porque las ha probado todas menos el pecado. De este modo nos salva desde nuestra propia debilidad, con razón dirá San Pablo que el Señor nos enriquece con su pobreza.

SALMO:

"Tus palabras, Señor, son espíritu y vida".

En la Palabra del Señor descubrimos sus Mandamientos, sus preceptos, sus deseos, su voluntad, los deseos de su corazón en definitiva. Que le agrade al Señor toda nuestra vida porque acogemos y vivimos según los deseos del corazón De Dios, y no según los nuestros.

MARCOS:

+ "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos; no he venido a llamar justos, sino pecadores". Ha enviado a salvar a los débiles y enfermos. Esto se ve en la llama a Mateo, es un hombre que se define como pecador público, por su oficio de recaudador de impuesto de sus propios hermanos judíos para el pueblo opresor; pero Jesús se acerca a él, le llama y le da un puesto cerca a Él, para cambiar totalmente su corazón, lo hace apóstol para enamorarle de Él y así hacer santo y justo, aquel que era pecador y despreciable. Este es el obrar de nuestro Dios, no sólo con Mateo, sino con cada uno de nosotros, con todos los hombres, que le acogen cuando se acerca a ellos.

+ Cristo no nos acepta porque somos perfectos, sino que nos acoge y nos llama a pesar de nuestra debilidades y de la fama que podamos tener. Viene a buscar a los pecadores. Y viene a hacer una obra grande con cada uno de nosotros, aunque no lo percibamos y aunque no seamos nada, como dice santa Teresita: "Lo que agrada a Dios de mi pequeña alma, es que ame mi pequeñez y mi pobreza. Es la esperanza ciega que tengo en su Misericordia".

María, Madre que dejemos que Jesús nos coja en sus brazos, y nos lleve a vivir según su Misericordia. Amén.

Un pobre sacerdote +++

SÁBADO I TIEMPO ORDINARIO