SÁBADO I DE ADVIENTO

ISAÍAS:
– Que cambio más grande hay en el mundo cuando llega el Señor, y cuando venda la herida del pueblo y cura las llagas de sus golpes. Dios quiere sanar al pueblo, y eso hace que la desviación del pueblo sea reconstruida y el pueblo pueda volver a vivir en la esperanza de la salvación.
– ISAÍAS nos da un programa de esperanza, el programa de la gracia salvadora de Dios. Dios no quiere el mal del hombre, y por eso Dios se hace cercano, nos escucha y nos conoce pro nuestro nombre; pues apenas nos oye, nos escucha y nos responde, por ese amor especial, entrañable que nos tiene.
– El Señor tiene un cuidado y un amor especial por los heridos, por los que tienen el corazón destruido, él vendará nuestras heridas y reconstruirá lo que estaba destruido. Dios que es rico en misericordia siempre se conmueve con el corazón herido de los pobres y pecadores.

SALMO:
Israel volvía del destierro y cantaba esta acción de gracias al Señor que sostiene a los humildes, nosotros, que esperamos su venido y la reconstrucción de la Jerusalén celeste, nos sentimos también invitados a la alabanza.
"Dichosos los que esperan en el Señor"
Alabamos a Dios porque se fija en los humildes, porque tiene un corazón que sana las heridas de nuestro corazón; pero también y sobre todo porque Dios merece esa alabanza, por su misericordia, por su bondad, por su grandeza, por su amor.

MATEO:
– Hoy el Señor al ver las heridas de los corazones de los hombres, y la tribulación que se vivía por efecto del pecado y del demonio, se conmueve en su corazón y manda a sus discípulos a la misma misión que quería ir, a sanar corazones a curar toda enfermedad y toda dolencia, y a expulsar demonios.
– Este Dios que sana corazones destrozados, que se apiada de los que sufren, es quien hoy nos invita a nosotros a tener y a repartir esperanza. El Señor nos envía con su poder y su fuerza para que llevemos a la salvación a la casa de los atribulados y heridos, y la liberación a los oprimidos por el demonio y por el pecado.
– Dios quiere vendar nuestra heridas. Pero a la vez nos encarga que nosotros también vendemos heridas a nuestro alrededor. Ahora Cristo no va por las calles curando y liberando a los posesos, ahora nos pone a nosotros cristianos, para que seamos Cristo para los demás, para que seamos sus manos y sus pies, para llevar el don del Espíritu del Amor a la humanidad.

María danos la fuerza y la perseverancia, para creer en la obra que el Señor nos encomienda de ser portadores de esperanza, salvación y liberación para el mundo. Amén.

Un pobre sacerdote +++

SÁBADO I DE ADVIENTO