SÁBADO DE LA SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO

ECLESIÁSTICO:
– Este libro describe a Elias como un fuego. Su temperamento era vivo, enérgico, sus palabras un horno encendido. Anunció sequías como castigo De Dios, luchó incansablemente contra la idolatría de su pueblo, fue insobornable en su denuncia de los atropellos de las autoridades, hizo bajar fuego sobre las ofrendas del Señor en su reto con los dioses falsos, y al final desapareció misteriosamente en un carro de fuego, arrebatado por un torbellino que le llevó a la altura, al cielo.
– Elías nos lleva a vivir la esperanza en el más allá, pues prepara la venida del Señor, venía a reconciliar a padres e hijos, y a restablecer al pueblo de Israel . Es por lo tanto signo de la esperanza que el Mesías trae al restaurar al pueblo, y que es signo y figura de la que el Mesías nos ha traído a nosotros al restaurarnos de nuestro pecado y abrirnos las puertas del cielo.

SALMO:
“Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve”.
El Salmo es una llamada a Dios para que nos salve, pues desde la imagen del Pastor que viene a salvarnos, del Dios del universo que vuelve para visitar su viña y hacerla fuerte, y de la mano que protege a su escogido, Dios es un Dios que busca a sus pueblo, que lo ama y lo cuida; también el pueblo debe no alejarse del Señor, y vivir de su vida, invocando su nombre en cualquier tentación.

MATEO:
“Los discípulos de Jesús buscan aclarar sus dudas directamente con el Maestro, van a la fuente, y el Señor está dispuesto a responder a sus preguntas y darles una enseñanza. El Señor nos espera de nuevo a nosotros para responder también a nuestras dudas. Una manera de poderlo hacer es a través de la oración: ahí le damos oportunidad de hablarnos al corazón, mostrarnos su voluntad, aclararnos el camino.” (Del Comentario del Magnificat)
– Hoy las lecturas nos hablan de acoger al profeta Elías, y al que es figura posterior de él, a Juan Bautista, y aceptarles es aceptar los planes De Dios en la propia vida, y esto nos compromete con una verdadera conversión de corazón a Dios. Debemos dejar a Dios que nos restaure, pero también debemos poner de nuestra parte para que el Señor pueda hacer su obra en nosotros.

María, Madre que dejemos actuar a tu Hijo en nosotros. Amén.

Un pobre sacerdote +++

SÁBADO DE LA SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO