PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO C

JEREMÍAS:
– El profeta Jeremías tuvo que anunciar de parte De Dios palabras de acusación y llamadas a la conversión, que resultaban incómodas a las autoridades y que le trajeron un sin fin de problemas. Pero hoy leemos una página llena de confianza. Su palabra es un toque de esperanza en tiempos oscuros. Anuncia que del tronco de la casa de David, que parecía seco y estéril, Dios va a suscitar un vástago legítimo que hará justicia y derecho en la tierra. Anuncia de este modo la salvación y La Paz para todos.

SALMO:
“A ti, Señor, levanto mi alma.”
En el salmo pedimos al Señor que nos enseñe sus caminos, y que nos haga caminar en la lealtad de su amor, en su bondad en su justicia, y nos muestra que son los humildes los que caminan por esas sendas de misericordia y lealtad. Por tanto, somos los creyentes los que debemos seguir los caminos del Señor, pero cambiando la vida e pecado, en vida de gracia, de perdón y de paz.

1 TESALONICENSES:
– San Pablo tiene el deseo de que toda la comunidad cristiana este reinada por el amor de unos por otros y por Dios. Este es el podo para vivir preparados para el encuentro con el Señor.
– Pide a la comunidad que sitúan rebosando del amor mutuo y del amor a todos, que les fortalezca interiormente, para que cuando llegue el último día, se prenden santos e irreprensibles ante Dios. Es un programa valiente, que mira hacia delante, centrado en el amor.

LUCAS:
– Lo primero que vemos en el Evangelio, es ese anuncio del fin del mundo, con los diferentes signos apocalípticos, pero sobre todo con la venida de Jesucristo como juez. Es el Señor el que juzga, en sus manos estamos, y lo que si sabemos es que hay que vivir con misericordia para que nuestro juicio sea con misericordia. Como dice en otro lugar del Evangelio, la medida que uséis la usaran con vosotros. – Nuestra actitud tiene diferentes cosas:
1. Alzar la cabeza, se acerca nuestra liberación. Los ojos fijos en el Señor, sin despistarnos, buscándole a Él, y no a nosotros ni a este mundo que pasa.
2. Tener cuidado de nosotros mismos, de las juergas, borracheras y sobre todo de las inquietudes de la vida: esto es saber vivir no pensando tanto en nosotros mismos, y buscando vivir según el Señor, en su voluntad y en la justa medida.
3. Estar despiertos, vigilantes en vela, caminando en viviendo en la gracia De Dios, en la amistad con Dios y no según otros caminos, y otras preocupaciones. Que nuestra vida la ocupe Cristo y que estemos pendiente de Él.
4. Pidiendo escapar de todo lo que está por suceder, viviendo para el cielo, y no para la tierra, también teniendo cuidado con el infierno, ni dejándonos llevar por la comodidad sino buscar a Dios.
5. Manteniéndonos en pie ante el Hijo De Dios, no postrados por el pecado, sino con la dignidad de hijos De Dios que Jesucristo nos ha ganado con la muerte y muerte de Cruz, y que hemos recibido por el Bautismo.
– De este modo la intención de Jesús no es catastrófica, sino, de esperanza, es un camino de conversión esperanzado para el hombre. Su venida gloria no debe producir por lo tanto espanto, sino alegría y confianza, pues el Señor viene a salvarnos y a liberarnos.

El Adviento nos debe hacer mirar hacia el futuro, hacia el fin del mundo. Debemos buscar el premio de la vida eterna. Y por eso tenemos que tener cuidado, pues nos pueden botar la mente el vicio, la bebida, las preocupaciones. Todos necesito su un despertador, porque tendemos a dormirnos, a caer en la pereza, bloqueados por las mil preocupaciones de esta vida, y no tenemos siempre desplegada la antena hacia los valores del espíritu. Estar en vela, en vigilante espera.
Pero siempre con confianza, pues Dios puede convertir en fértil el tronco que parece más seco. Él está siempre dispuesto a volver a emprender la gran aventura de la vida y de la tierra nueva. El Adviento es una invitación a la confianza, es una escuela de esperanza.
Tenemos una llamada a ponernos siempre de nuevo en camino, es la necesidad que tenemos de esperar para vivir, la capacidad de volver a recomenzar después de cada desengaño, pues la Esperanza no defrauda, es lo único que hace bella la vida y capaz de vivirse en plenitud.
Pero la esperanza tiene que contar con nuestra colaboración. Dios ama al hombre y no quiere que se pierda, pero no puede salvarlo sin él, en contra de su libertad. Él nos espera, y es el arrepentimiento del hombre lo que coronas la esperanza De Dios. Todos los sentimientos que nosotros debemos tener para con Dios, es Dios mismo quien ha comenzado a tenerlos primero para con nosotros. Nos dice que le amemos, pero es él quien primeramente nos ha amado, nos pide esperar, pero es él quien espera primero en nosotros. Espera que aceptamos salvarnos.
Lo importante no es que en esta vida nosotros obtengamos lo que esperamos De Dios sino que Dios obtenga lo que espera de nosotros.

María, Madre que esperemos en el Señor y estemos despiertos no embotados en nosotros mismos. Amén.

Un pobre sacerdote +++

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO C

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