NUESTRA SEÑORA, LA VIRGEN DE LOS DOLORES
Comentario a las lecturas

HEBREOS:
– Esta lectura nos centra en Cristo y en su PAsión, continuando con la celebración de la exaltación de la Santa Cruz de ayer. Un Cristo que ha experimenta lo que es el dolor, la muerte y la crisis: "Con gritos y lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte."
– Nos damos cuenta que no somos los primeros en sufrir. Y por eso el ejemplo y el modelo de sufrimiento es el mismo Cristo que aprendió sufriendo a obedecer, y de este modo nos trae la salvación. Es por su entrega amorosa al dolor y sufrimiento De la Cruz, por la que nos llega la salvación al mundo.
– Hoy la fiesta nos enseña que junto a Cristo, está su Madre, y que ella también sufre con Él para sufrir también con nosotros de un modo salvífico.

SALMO:
"Sálvame, Señor, por tu misericordia".
El salmo es un canto a la misericordia del Señor, pidiendo al Señor que se incline sobre nosotros y nos bendiga, pidiendo que la bondad del Señor sea lo que nos adorne y nos lleve a vivir en su Amor.
De este modo el salmo nos hace aplicar a nuestra vida también la situación de la primera lectura, porque nosotros tenemos esa experiencia, de sufrimiento y dolor, y nos hace falta pedir a Dios su ayuda, su salvación, acogernos a él, descansar en Él, confiar en Dios que nunca nos ha defraudado.

JUAN:
– Primer detalle de este evangelio, Junto a la Cruz de Jesús, estaba su Madre. La MAdre acompaña en todo el sufrimiento a Jesús, su hijo. Este acompañar es signo de su querer compadecerse del Hijo, pero también de compadecer con el Hijo. Y por eso se hacen corazón con corazón, y se entregan de modo cruenta o incruentamente, por la salvación de todos los hombres, sin excepción.
– En este momento de dolor tan grande, Jesús entrega a María como Madre de los suyos, de su Iglesia, como nuestra MAdre, esto también tiene que mostrarnos como es su Amor, pues no nos deja solos, sino que nos deja lo más grande que tiene, a su Madre. Recibamosla debidamente en nuestras casas.

LUCAS:
– Si escogemos este Evangelio, vemos la gran profecía de Simeón, que dice que a María, una espada la traspasará el alma. Es el anuncio claro de la asociación de María con la Pasión de su Hijo Jesucristo. Ella es la Madre que se entrega generosamente a la voluntad del Madre por medio de su Hijo.
– María vive la profecía del anciano Simeón, pues una vez que Jesús empezó a cumplir su misión mesiánica, empezó a vivir el sufrimiento de esa espada que la traspasaba el alma. Vio cómo maquinaban la muerte de su hijo, y después al pie de Cruz, vivió el momento más dramático de la misión de Jesús, su entrega en la Pasión y muerte. Hoy podemos pensar en la frase del evangelio de san Juan que leímos ayer: "Tanto amó Dios al mundo que entregó a su propio Hijo…" También María podría pronunciar esta frase pues por amor a Dios y a los hombres ella también entrega a su Hijo por Amor a nosotros. ¡Cuánto nos ama María!

María acompáñanos en las noches y tinieblas de nuestra vida, y siempre, siempre llévanos a Jesús. Amén.

Un pobre sacerdote +++

Hoy es bueno también rezar con la Secuencia del día de hoy, el STABAT MATER

La Madre piadosa estaba

junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía.
Cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.

¡Oh, cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.

Y ¿cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
Y ¿quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.

Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo.
Porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.

¡Virgen de vírgenes santas!,
llore ya con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea.
Porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.

Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio.
Porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén.
Porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén.

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