MIÉRCOLES XXXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

2 MACABEOS:
– Nos asombra la lucidez y la valentía de esta madre con sus siete hijos que son conducidos al martirio por no abandonar al Señor y amarle por encima de todo. Lo más impresionante es la actitud de la madre que espera en el Señor ante la muerte de sus siete hijos a lo largo de un día. Y todo por lo esencial, que no es comer o no de una comida prohibida, sino mantenerse fieles a la alianza que Dios ha hecho con los hombres.
– Esta mujer confía en el poder y en la misericordia De Dios creador, y también tiene una confianza en llegar al cielo, pues anima al martirio con la esperanza de que Dios sabrá recompensarles, “él, con su misericordia, os devolverá el aliento y la vida.”
– Esta lectura es una llamada para cada uno de nosotros, para no anteponer nada al Señor, pues Él está por encima de todo, y Él es quien nos acompaña en la Alianza, y no nos deja aunque nosotros la rompamos, pero es mejor vivir en ella y ser fieles al Señor en todo.

SALMO:
“Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor.”
Es un salmo de confianza en el Señor, pues en Él estamos seguros, en Él nuestros camino van a buen puerto, pues Dios siempre nos acompaña nos escucha, nos sostiene, nos guarda, y nos transforma en Él.

LUCAS:
– Has sido fiel en lo pequeño, el Señor pide cuentas ya que ha dado a cada uno según su capacidad, de este modo Dios nos cuida y no nos trata como a hijos caprichosos que hacen lo que les viene en gana. Sino que se dejan guiar por este amor que reclama responsabilidad y respuesta activa en la vida.
– Lo que si hay que hacer es negociar con las onzas mientras el Señor vuelva, para poder llegar al Reino De Dios, lo importante no es cuanto fruto se da, si no que se pongan en juego, que se utilicen, lo que no está bien es guardarlas en el pañuelo
– Los talentos que cada uno de nosotros hemos recibido; vida, salud, inteligencia, dotes para el arte, capacidades físicas, todos tenemos algún don, los hemos de trabajar, porque somos administradores y no dueños.
– ¿Qué estamos haciendo con nuestra fe, como vivimos el ser Hijos De Dios, cómo acogemos la Palabra De Dios, cómo vivimos la Eucaristía? Debemos pararnos tranquilamente y pensar qué fruto estamos sacando para gloria De Dios y bien de los hermanos, de los talentos con los que Dios me ha adornado. Y todo para buscar lo que verdaderamente importa que es estar con Dios para siempre en el cielo, para que Dios nos llama buenos y fieles y nos deje pasar a su banquete.

María, Madre llévanos a vivir siempre para el Señor. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MIÉRCOLES XXXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO