MIÉRCOLES XXXII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

SABIDURÍA:
– Hay que tener un corazón que escuche, para no apropiarnos de la obra del Señor, sino saber siempre que el poder viene del Señor, y que Él es el soberano que hace todo posible, esto es algo que no se puede olvidar, y que tenemos que tener muy presente. Pidámosle sobre todo al Señor que nos dé ese corazón que nos lleve a buscarle por encima de todo, y a vivir de un modo distinto.
– Habla de un modo más concreto a los que están gobernando, o tienen cualquier tipo de autoridad, aunque sea en la misma familia, y hace una invitación profunda a vivir en l justicia De Dios, en la búsqueda sincera de la voluntad De Dios, es vivir en la verdadera sabiduría De Dios, y no pecar, no dejarse llevar por el pecado. Por lo que hay que desear las palabras del Señor, para que Él nos marque el camino que debemos seguir.

SALMO:
“Levántate, oh Dios, y juzga la tierra”.
El salmo es una llamada a que todos tenemos las mismas condiciones, que todos somos débiles, y para ello insta a que no descuidemos al que más lo necesita, sino más bien que lo cuidemos, lo protejamos, lo defendamos…

LUCAS:
– Podríamos decir un refrán hoy para resumir nuestro comentario al Evangelio: “Es de bien nacidos el ser agradecidos”. Y no sólo es algo de la sabiduría popular, sino que es una actitud del cristiano, que tiene que vivir agradeciendo a Dios por tanto que le da, y de este modo vivir con un corazón que le debe a Dios, y se siente deudor de Él, y vive a cada instante con una búsqueda de amar como Dios ama, para que todo sea un corresponder a tanto amor, con un corazón agradecido, con un corazón entregado.
– Por otro lado, a mi en este evangelio siempre me viene a la cabeza, como estaría el corazón de Jesús por los otros nueve leprosos que no le agradecen, pues también han quedado cuidados, y que no agradecen su corazón y se olvidan de Jesús, que dolor y tristeza por no recibir la justa retribución por su amor derramado a manos llenas.
– Nos cuesta reconocer en nuestra vida los dones De Dios, nos sabemos asombrarnos y alegrarnos de la curación que JEsús nos concede. Debemos cultivar en nosotros un corazón que sea agradecido, empezando por las pequeñas cosas que nos dan las personas que nos rodean, y esto nos llevará a agradecer a Dios por su gran obra de amor en nosotros.

María, Madre, que tengamos un corazón agradecido. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MIÉRCOLES XXXII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO