MIÉRCOLES XXXI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

ROMANOS:
– Hoy San Pablo nos da una máxima que es muy fácil de recordar, ” a nadie le debáis nada, más que el amor mutuo”. Unido a “El amor no hace mal a su prójimo”. Es fácil de recordar, pero es complicado de vivir, cuánto cuesta Amar hasta el extremo, cuánto cuesta Amar en la dificultad, cuánto cuesta Amar igual que Jesús. Ese es el límite del Amor que debemos buscar, Amar como Cristo y desde Cristo, pero salimos nosotros rápidamente y mendigamos otros amores día tras día.
– Esta máxima es una norma clara para poder vivir bien la vida de la comunidad. La Ley entera que hay que cumplir es vivir en este Amor, que es capaz de Amar al prójimo como a uno mismo. Es difícil vivir las medidas que nos enseña Jesús para Amar: Como Dios ama, como el mismo Jesús ama, como a uno mismo. Son difíciles porque las tres medidas suponen radicalidad, gratuidad en el amor, salir de nosotros mismos y buscar el bien de los demás.
– Una cuestión se coloca hoy muy fuerte en mi corazón, este Amar al prójimo está muy definido, y está claro que el prójimo debe amarme a mí también así, pero el problema está en cuando nosotros creemos que no nos aman, y reclamamos o exigimos un amor de este modo, y la gran dificultad es que el Amor no se puede exigir, pues el mismo Jesus nos enseña que hay que amar hasta el Extremo, y este extremo muchas veces es la soledad De la Cruz.

SALMO:
“Dichoso el que se apiada y presta”.
El salmo es un reflejo de la primera lectura, donde nos enseña que el justo es el que brilla con La Luz De Dios, y que es misericordioso y se preocupa por aquellos que pasan más necesidad.

LUCAS:
Dice hoy el comentario del Magnificat: “No puede ser discípulo mío. El Señor es claro cuando subraya la centralidad de su persona: ni relaciones tan importantes como las familiares pueden ocupar el lugar que le corresponde a él en nuestra vidas. No se trata de despreciar a nadie, se trata más bien de no permitir que nada ni nadie ocupe el lugar que le corresponde a Dios. en la medida en que él ocupe El Centro, todas las demás personas y cosas encontraran su lugar adecuado.”
– Hay que estar dispuesto a renunciar y cargar con la cruz y posponer otros valores que también nos son muy queridos. El estilo de vida de Jesús es exigente y radical, y hay que aceptarlo entero. La fe en Cristo abarca toda nuestra vida. Jesús para llevar a cabo su misión salvadora de la humanidad, renunció a todo, incluso a su vida. Por eso fue constituido Señor y Salvador de todos. Y nos dice que también nosotros debemos saber llevar la cruz de cada día, para hace el bien como Él y con Él.

María, Madre que cargamos cada día con la Cruz, y que Jesús sea El Centro de nuestra vida, para que no debamos a nadie más que el Amor del Crucificado. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MIÉRCOLES XXXI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO