MIÉRCOLES XXVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

GÁLATAS:

  • San Pablo nos hace una clara invitación a vivir según Dios y nos lo diferencia de un modo muy claro, pues nos distingue las obras de la carne, de las obras del Espíritu. Y nos muestra cuáles son los frutos que dan esas obras del Espíritu. Los enumero para que se nos queden en el corazón y sobre todo para que el Señor pueda hacer su obra en nosotros: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí.
  • Pidamos a Jesús que nos ayude a crucificarnos con él y de este modo no vivir de las pasiones de la carne, y vivir del Espíritu que nos da verdadera vida.
  • Las obras de la carne, se refiere a nuestra solas fuerzas, a la mentalidad meramente humana, y a la búsqueda de las pasiones. En cambio los frutos del Espíritu, son los que deberían transparentarse en nuestra conducta, y sobre todo en una entrega amable a los demás. En un ejemplo se ve claro, si nos dejamos llevar por los celos, por las enemistades, por los gustos, no estamos viviendo según Cristo, sino según la carne.

SALMO:

“El que te sigue, Señor, tendrá La Luz de la vida.”

El salmo nos invita a elegir los camino del Señor, y no los del mundo. Y no sólo eso sino vivir de verdad en el amor del Señor y no en el cumplimento de la ley.

Si de verdad estamos arraigados en Cristo, creceremos lozanos y frondosos y daremos frutos abundantes, es una continuación perfecta de la primera lectura

LUCAS:

Vemos en el Evangelio tres acusaciones de Jesús muy duras contra los fariseos:

  • Pagan los diezmos, pero descuidad lo principal, el derecho y el amor De Dios.
  • Les encantan los asientos de honor, y viven de apariencia, todo parece muy limpio, pero por dentro hay corrupción y muerte.
  • Abruman a la gente con cargas insoportables, y ellos no hacen nada, exigen mucho pero hacen poco.

Si somos sinceros se podría aplicar estas tres sentencias a cada uno de nosotros, pues a quién de nosotros no le cuesta dar limosna, pero no siendo tacaño, sino siendo generoso, y no dando de lo que nos sobra, sino incluso de lo que nos falta. A quién de nosotros no le encanta vivir de apariencia, ocupar los primeros puestos, tener honor y prestigio, en lugar de ser los últimos y los servidores de todos. Y por último aplicamos muy fácilmente la ley del embudo con la cuál lo ancho y fácil es para mi, y lo estrecho, difícil y exigente es para ti, caemos fácilmente en ser muy exigentes con los demás y muy permisivos con nosotros mismos, cuando debería ser al revés.

María, Madre que miremos mucho a Jesús para que nos transforme cada día más en Él. Amén.

Un pobres sacerdote +++

MIÉRCOLES XXVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO