MIÉRCOLES XXIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

EFESIOS:

– Pablo no puede ocultar el orgullo que siente por haber recibido la misión de anunciar el misterio de Cristo a los paganos. Al igual que san PAblo, también nosotros deberíamos sentirnos satisfechos, no sólo por la suerte de creer nosotros mismos, sino de poder comunicar, a todos los que nos quieran oír, la Buena Noticia de que todos somos coherederos, que no hay privilegiados ante Dios. Es el deseo del corazón De Dios que todos los hombres se salven y puedan gozar de la salvación y vivan con Él para siempre. Esta suerte que tenemos la gracia de conocer tiene que estar abierta a todos los hombres.

SALMO:

“Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador.”

Hay que dar gracias a Dios por todo en especial por las hazañas que hace con nosotros. Dios nos salva y esta es nuestra verdadera alegría. En su santo nombre confiamos.

LUCAS:

– Hay que vivir siempre preparados para la llamada del Señor, que viene cuando menos lo esperamos, y nos pedirá cuentas de la vida, y como dice san Juan De la Cruz, al atardecer de la vida nos examinaran del Amor. De las buenas obras, si hemos sido fieles y prudentes, esto es lo que nos muestra la parábola de hoy de Jesús. El criado fiel es aquel que busca y vive siempre en el servicio a su Señor y buscando en todo siempre lo que más la agrada.

– Pero debemos estar dispuestos a la venida del Señor. Esto implica que a nosotros que el Señor nos ha regalado conocerle, como dice el Evangelio, se nos ha confiado mucho, pues se nos exigirá más que aquel que no ha podido conocer al Señor. Por lo que nuestros frutos que solo conoce el Señor, de nuestras buenas obras, tienen que ser de correspondencia más grande al Señor, porque hemos vivido más cerca de Él, somos de su íntimos.

– Peligro de la pereza en nuestra fe, de amodorramiento, y de dejarnos llevar por las preocupaciones. Debemos vivir en una cuidada tensión de Amor, en una responsabilidad. El Señor no sólo nos visita en la hora de nuestra muerte, sino que cada día, a lo largo del camino, debemos tener un corazón atento, pues se hace el encontradizo y debemos saber reconocerle.

María que el Señor nos de un corazón que siempre este dispuesto para reconocerle y seguir sus huellas. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MIERCOLES XXIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO