MIÉRCOLES XXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

1 CORINTIOS:
– Hoy el tema del que habla San Pablo es sobre como vivir cada vocación. Probablemente en la comunidad las posturas iban de extremo a extremo, desde lo que abogaban por una liberta total, siguiendo las costumbres paganas, hasta los que despreciaban la vida conyugal y el matrimonio y predicaban la abstención total.
– San Pablo dice que tanto estar solteros, como casos, como viudos, son estados buenos. Aunque él crea que el celibato por el Reino de los cielos sea lo mejor. Pero eso no es imposición del Señor sino opción de San Pablo. Lo que prefiera hacer es relativizar el tema y pedir a todos que, cada uno en su estado, se dedique a hacer el bien, a trabajar por el Reino, sobre todo teniendo en cuenta que era inminente la vuelta del Señor, porque la representación de este mundo se termina. Lo más importante es que cada uno en su estado busque cumplir la voluntad De Dios y trabajar en favor del Reino de los cielos, porque urge el tiempo y hay que aprovecharlo.
Debemos por tanto relativizar los valores de la tierra y tener ante todo la mirada puesta en el Señor y en el cielo. Hay que comprometerse a vivir el Evangelio del Señor, teniendo encuentra la vocación a la que llama el Señor a cada uno.

SALMO:
“Escucha, hija, mira: inclina el oído”
El salmo es un cántico hacia la novia, que es elegida por el esposo para ser suya. Es un signo del desposorio de Cristo con su Iglesia.

LUCAS:
– Cuatro bienaventuranzas nos muestra San Lucas: los pobres, los que tienen hambre, los que lloran y los que son odiados y perseguidos. Son bienaventurados por vivir una vida de unión profunda con Dios y esa es la vida del hombre nuevo, la vida de los hijos. Y las promesas de estas bienaventuranza son grandiosas: el reino De Dios, quedar saciados, reír, vuestra recompensa será grande en el cielo. No son recompensas de este mondo, sino recompensar eternas por un sufrimiento pasajero en esta tierra. Debemos cada uno de nosotros preguntarnos: ¿merece la pena apostar por Cristo y sus cosas, mas que por mí, las mías y las de este mundo?
– También muestra cuatro maldiciones, que son del hombre viejo que sigue tirando de nosotros y que debemos tener mucho en cuenta para no dejarnos llevar por ellas: Ay de vosotros los ricos, los que estáis saciados, los que ahora reís, si hablan bien de vosotros todos. Con las recompensas que traen en sí: ya tenéis vuestro consuelo, tendréis hambre, lloraréis… Promesas para este mundo, que no claman eternidad, porque no buscan a Dios sino las cosas de este mundo.

María, Madre llévanos a vivir para Jesús el hombre nuevo, y a morir al Mundo, al Demonio y a la Carne que claman al hombre viejo. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MIÉRCOLES XXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO