MIÉRCOLES XVII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

ÉXODO:

· Cuando Moisés bajaba del Sinaí, del encuentro con el Señor, tenía el rostros radiante. Vemos ante todo cómo actúa Moisés de mediador, que intercede ante Dios por su pueblo y le comunica a éste la Palabra De Dios. De este modo vemos que es un hombres De Dios y un hombre del pueblo, que está cercano a los dos. Que maravilloso ejemplo para nosotros, que debemos saber conjugar esta doble cercanía.

· ¿Nos brilla el rostros después de haber estado orando y celebrando, en la presencia De Dios? Lo que nos tendrían que notar en la cara es una actitud de fe en Dios, de alegría, de esperanza, de entrega gozosa al trabajo, al prójimo. Y debemos conjugar la oración y la entrega, y no escondernos en la montaña de la oración, el Señor nos envía para que vayamos al mundo a transmitir su vida y su amor. Lo que está claro es que los que entramos en comunión con el Señor por medios de la oración, y sobre todo, por medio de la Eucaristía, debemos reflejar luego, en nuestro modo de actuar, en la vida, esa luz De Dios ante los demás.

SALMO:

“¡Santo eres, Señor, nuestro Dios!»”

Nos muestra el salmo la unión con Dios de Moisés y de Aarón, pues el Señor les respondía, y escuchaban su ley y la ponían por obras.

MATEO:

· Escuchamos hoy de Jesús dos parábolas muy breves, la del que encuentra un tesoro escondido bajo tierra y la del comerciante que, entre las perlas, descubre una particularmente precioso. Los dos venden cuanto tienen, para asegurarse la posesión de lo que sólo ellos saben que vale tanto.

· Es una sabiduría distinta a la del mundo, la de descubrir cuáles son los valores auténticos en esta vida, y cuáles, no, a pesar de que brillen más o parezcan más atrayentes. Hay que descubrir cuáles son los valores del Reino que Dios más aprecia, cuáles sus planes sobre nosotros, los que nos conducen a la verdadera felicidad. A veces, son un tesoro escondido o una perla preciosa.

· El Señor es nuestro Tesoro y nuestra Perla y nada se puede comparar a Él, por eso debemos estar dispuesto a dejarlo todo, y encontrar la alegría de su amor, como podríamos decir lo mejor de mi vida es haberte conocido, y tenerte cada día en vida, acompañándome y merece dejarlo todo por Ti, Señor.

María, que no se nos olvide quién es nuestro verdadero Tesoro y nuestra única Perla por la que merece dar la vida hasta el último suspiro. Amén.

Un pobre sacerdote +++

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